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3 mayo 2014 6 03 /05 /mayo /2014 13:57

Signos típicos del hijo alcohólico; cómo deben actuar los padres

 

 

Alteraciones cognitivas, de la memoria y del aprendizaje en un cerebro todavía en desarrollo, cuando no muertes, son consecuencias directas que prevalecen en los adolescentes con modas tales como el “eyeballing” (alcohol que introducen  en la conjuntiva), el tampax «on the rocks» o el «tampodka» (por el ano o la vagina, burlando  los controles de alcolohemia) y el «binge drinking» (consumo de cinco o más copas en un periodo de dos horas).

 

Estas maneras de beber incrementan la rapidez del efecto del alcohol, alertaron más de 700 pediatras en  el 11º Curso de Actualización de Pediatría de Atención Primaria cumplido en Madrid.

 

 Prevención

 

La doctora Marta Esther Vázquez, pediatra del Centro de Salid Arturo Eyries de Vallalolid, fue contundente al afirmar que la prevención de las “conductas de riesgo tóxico” deben iniciarse desde los primeros años e integrarse sistemática y continuamente en  la formaciónl de niños y adolescentes con un enfoque multidisciplinario en el que participe la familia, la escuela y los facultativos.

 

Policonsumo

 

El policonsumo de tres o más sustancias se da en general, en el mundo, a partir del segundo año del bachillerato, pero se ha visto que uno de cada cinco escolares menores de 12 años ya experimenta con el alcohol.

 

La edad media del comienzo de la toma de esta bebida y el  tabaco se ubica entre los 13 y 14 años y los jóvenes se inician en las drogas ilegales entre los 15 y 16 años.

 

Más chicas que varones; la violencia

 

Las chicas se inclinan más al alcohol que los varones, los porcentajes oscilan en 78.9 y 75,6, respectivamente.

 

Por otra parte, las dependencias crean más tendencia a la violencia al arribar a la edad adulta.

 

Inmadurez cerebral y psicológica

 La inmadurez cerebral y psicológica, propia de la niñez y la adolescencia, tiene que ver con la incapacidad para no caer en la influencia para asumir comportamientos incorrectos.

Para retardar o sobre todo inhibir la edad de caída en el alcoholismo es imprescindible reforzar la protección familiar, más aún entre los 13 y 14 años.

Tasas de accidentes

Cuando la edad mínima para beber es a los 21 años, existe una asociación a tasas de accidentes más bajas, según un examen de varios estudios que se remontan de 2006 a la fecha efectuados por la Universidad de Boston.

Los 21 años son importantes para concientizar acerca de la prevención del alcoholismo y el suicidio.

 

Detección familiar, no ausentarse de los hijos

 

Los padres no deben ausentarse de la educación de sus hijos; es uno de los mejores métodos para que no sufran adicciones con sus graves inconvenientes.

Ellos son los primeros que pueden detectar  muy pronto cualquier detalle que indique si su hijo padece de alcoholismo, indicó Francisco Saborido,  psicólogo-jefe del equipo de actuaciones con familias de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

La relación familiar no tiene que deteriorarse; es fundamental en plena adolescencia (etapa de búsqueda de identidad) que los progenitores conozcan amigos, hobby, preferencias e intereses de sus hijos y compartan juntos actividades de ocio.

 

Señales de alarma; características típicas del consumidor

Cuando la ingesta de alcohol es excesiva, es fácil detectarla por los siguientes signos típicos:

Cambios de comportamiento: se acentúan los fines de semana,  tras concluir las tareas académicas. Los jóvenes alteran el ciclo del sueño, se aíslan, se relacionan con otro tipo de colectivo, llegan tarde a la casa, hablan más de lo acostumbrado o permanecen callados, o bien  adoptan términos o modalidades de desenvolverse groseras.

 

Señales fisiológicas: olor a alcohol en aliento y ropa, y pupilas contraídas; irritación ocular,  enrojecimiento en la cara.

 

 

Problemas  emocionales: más irritables de lo habitual,  se enojan con facilidad y mayor frecuencia, alternando con periodos de decaimiento de ánimo.

 

Pautas de acción de los padres

 

Saborido recomienda:

No gritarles o hablarles cuando están cargados de alcohol; no enfrentarse porque es posible que se tornen agresivos, más vale mostrar disconformidad diciéndoles: "estás borracho, esto no me gusta. Mañana lo hablamos".

Al día siguiente no  se debe  empezar una conversación denotando enojo; tiene que primar la educación, no el grito. Una vez recuperados, aconseja que se les pregunte cómo se encuentran y luego manifestar preocupación, procurando indagar cómo es su forma de consumo (puntual, habitual, en qué momentos) y hablarles sobre los peligros que entraña el alcohol.

No perder la calma, no buscar culpables: los padres deben guardar esperanzas de que la situación cambie, y no culpabilizar, sin desenvolverse como policías, ni recurrir a críticas o comentarios malintencionados y tampoco a castigos permanentes.

Esto no significa pasividad, sino demostrarles que “los padres siempre están ahí”, dispuestos a abrirse al diálogo sin enfrentamientos.

Mitos sin fundamento y daños ciertos

En este orden, la coordinadora médica gestora del Seguro Popular, Raquel González Ramírez, exhortó a no creer que la cocaína, tomar mucha agua o clara de huevo, bajan el nivel de alcoholismo.

Pero el alcohol daña los vasos sanguíneos y produce infartos cerebrales.

Hay tres situaciones que deben intranquilizar  especialmente: el consumo intenso sin restricción, la toma en contextos  inadecuados como solitariamente, en horas de la mañana, o antes de manejar.

 

Otra fuente consultada: siquiatra Daniel Martínez, vicepresidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile.


 

 

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