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Es un trastorno que se define por la necesidad de comer constantemente y con mucha rapidez. La principal diferencia con la bulimia es que quienes padecen esta situación no recurren a vómitos y laxantes para compensar los atracones.
Comprende episodios frecuentes de atracones de comida y el uso irregular de conductas compensatorias e inapropiadas para evitar el aumento de peso, como vómitos autoinducidos, uso de laxantes o periodos de ayuno.
Es mucho más difícil de tratar que la anorexia (falta anormal de apetito) y la bulimia.
La actitud compulsiva se confunde usualmente, pero quienes la padecen no vomitan ni toman laxantes, al tiempo que suben mucho más rápido de peso.
“Se requiere de un nutricionista, y sobre todo de la intervención de un equipo de psicólogos o psiquiatras”, explicó la licenciada de la Argentina Claudia Fernández, jefa del Servicio de Nutrición del Instituto de Cardiología de Corrientes.
“Debido a las características que comparte con otras afecciones, hay una confusión acerca de si la alimentación compulsiva es un trastorno en si, o constituye una más de otras condiciones, indicó, por otra parte, el doctor Harri
son Pope, integrante de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard en Boston, Estados Unidos, responsable de un estudio en el que participaron 131 adultos con este trastorno.
Este especialista publicó en American Journal of Psychiatry que aún con tratamientos integrados la recuperacíón del consumo compulsivo lleva 14 años, en tanto en la bulimia y la anorexia se logra el alta a los seis años.
“La mayoría de los evaluados manifestaron que su enfermedad es un episodio en continuado, durante una importante porción de su vida”, destacó Pope.
La angustia induce a depositar toda fuente de sosiego en la comida, al igual que el estrés y el nerviosismo.
El paciente sostiene una preocupación por su peso y por las calorías de las comidas; el nerviosismo sobre el peso corporal, y la falta de control de la ingesta.
“Si bien esta desproporción alimentaria acostumbra surgir una vez por semana, una vez al mes o cada tres meses hay que prestar mucha atención, no sólo al atracón, sino al día después. Si la persona siente culpa y recurre a laxantes, a vómitos, o a hacer mucho ejercicio físico, se puede estar ante el comienzo de un cuadro de anorexia y bulimia. La mayor peligrosidad radica en la necesidad de compensar, producto de la culpa”, concluyó la licenciada Fernández.