informaciones sobre salud actualizadas en el ámbito argentino e internacional más polìtica vinculada a la salud en la Argentina salud
La depresión desconecta del mundo, quita el placer de vivir y lleva a sentir que nada tiene sentido. Ni la familia o los amigos pueden reconfortar a quien está en esa situación, y mucho menos las invitaciones a salir a comer afuera, a ir al cine o hacer un viaje corto. El malestar no se resuelve con ninguna distracción.
El afectado no duerme plácidamente, el futuro deja de importarle, la rabia le invade a ratos y las personas que lo aman se alejan desconcertadas con tales conductas.
Incluso, de cierta forma, hay depresivos que en medio del sufrimiento anhelan llegar a ser como las personas a su alrededor, quienes salen adelante con sus vidas, con sus tareas y sus diversiones, mientras ellos no saben lidiar con las rutinas más elementales.
Sin embargo, no todos los dolores psíquicos son fáciles de identificar. Por ejemplo, un niño puede cargar de por vida con un sentimiento de abandono, y es imposible determinar cuál fue la falla o negligencia de los padres que le ocasionó el trauma.
A veces los hijos de una misma familia, criados de la misma forma, poseen percepciones totalmente opuestas respecto a la relación con sus progenitores durante sus primeros años.
Esos chicos, al crecer, alcanzan a experimentar retrasos en el lenguaje, o en sus capacidades para adaptarse a lo que sucede en el entorno, o de entender lo que les pasa a nivel anímico. Allí es que las palabras de los demás empiezan a sonarles vacías, el deseo desaparece, y el desempeño en los estudios, el trabajo, la vida social o las tareas domésticas empiezan a verse perjudicados.
Algo dentro de la persona se rompe, y ésta padece una imposibilidad de percibir, de reencontrar algo fundamental que le de sentido a los días actuales y a los que ya transcurrieron.
Algunas veces es posible identificar cuándo fue que todo comenzó: a veces es porque la persona perdió a alguien muy querido.
O porque se da cuenta de que está envejeciendo, y percibe que su vigor y salud no son los de años atrás; esta transición trae nostalgia de momentos que nunca volverán y su constatación es impactante.
Ninguno de los síntomas anteriores revela una simple tristeza, sino algo muchísimo más complejo. Cuando quienes siempre cuidaban su apariencia empiezan a mostrar un aspecto desaliñado en público, y se muestran con la misma ropa en situaciones que exigen mayores cuidados; o cuando sus expresiones visuales o verbales se ven lesionadas, el problema es serio.
Recordar, expresarse, desear y proyectar parecen tareas imposibles. No obstante, que la persona recupere esas capacidades es factible, siempre que se haga con la ayuda adecuada de un profesional.
Para enfrentar la depresión, el terapeuta y el paciente construyen un espacio de relación donde el inconsciente sale a flote, exponiendo la forma en que la persona construye sus ideas y creencias, sus miedos y sus angustias; el objetivo del profesional debe ser que la conciencia del paciente dialogue con sus deseos y los respete.
La transformación no es fácil, pero sí es un proceso existencial cuyo resultado siempre valdrá la pena.
Fuente:
Especialistas de MinhaVida, Brasil