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Es fundamental para la persona depresiva que no se sienta abandonada, que tenga a alguien a su lado, o que se contacte con ella con frecuencia y muestre interés por su estado. Hay que acompañarla al menos por teléfono.
Así como debiera preguntársele asiduamente cómo se encuentra, e invitarla al diálogo, siempre se debe considerar que “ofrecerle una mano no es sólo brindarle un hombro donde llorar”.
Estas recomendaciones valen tanto para una pareja, amigo o familiar del enfermo que padece esa “dura enfermedad” denominada depresión.
Quien quiere ayudar a aquel que sufre de un cuadro depresivo, no tiene que incurrir en la impaciencia o en la frustración al reconocer que no dispone de la capacidad para “curar”.
Por otra parte, no es suficiente escuchar y dar apoyo, sino alentar al paciente para que sostenga y no interrumpa un tratamiento a cargo de un profesional especializado.
Nunca un depresivo se supera sin recibir cariño y por más que consuma los medicamentos específicos.
Un familiar o amigo que no acompaña y demuestra desinterés en el desarrollo del tratamiento, está adoptando un comportamiento que es perjudicial para el enfermo, dado que él se ve “abandonado de afecto”.
Una actitud positiva es contribuir a que el depresivo cumpla los pasos médicos indicados, impulsarlo para ello y permanecer atento a los posibles decaimientos.
La soledad es la peor compañía para un enfermo de depresión.
Por eso se recomienda que siempre cuente con familiares y/o amigos que le den muestras de preocupación por su situación y que le hagan saber que desean apoyarlo.
Alcanzan pequeños gestos: decirle que no está solo en su tratamiento o escucharlo cuando quiere hablar. Esta cercanía reduce notablemente cualquier intento de suicidio.
El depresivo -para recobrarse- necesita realizar alguna actividad. Llamarlo, visitarlo o invitarlo a compartir actividades cotidianas es una excelente manera de que no se entregue a su soledad.
Es común que la depresión aísle y que el paciente no se acerque a sus seres queridos por el temor de que lo tomen como un estorbo.
El primer paso para el diálogo tiene que darlo “el otro”, actuar antes de esperar un pedido de ayuda.
Para recuperar la salud mental, el paciente requiere que “desde afuera” se le determinen pequeños objetivos. Esto es esencial sobre todo porque la depresión lleva a preguntarse “cuál es el sentido de vivir” o la razón por la cual “debería levantarse de la cama”.
Lo ideal, entonces, es ponerle metas, objetivos simples para que comience a generar alguna actividad.
Quien se predispone a colaborar en la superación de la enfermedad, tiene a su alcance mucho material de lectura que aporta consejos y guías para acompañar al paciente.
Cuando una persona ya ha atravesado por una etapa de depresión en su pasado, aquel que desea ayudarla realmente, debe poner su atención en circunstancias claves y difíciles de la vida –que por su magnitud es posible que la lleven a una recaída-. Los sucesos que revisten gravedad son: adolescencia, divorcio, muerte de un ser querido o la pérdida de un trabajo.
Fuente: Health.com
Otras fuentes consultadas:
American Psychiatry Association
Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria