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La variedad de tomates: redondo, perita o cherry, comparten las mismas propiedades nutritivas. Son una fuente importante de potasio, fósforo, hierro, calcio, sodio y magnesio –necesarios para la actividad normal de nervios y músculos-; aportan importantes cantidades de vitaminas B1, B2, B5, E y sobre todo C y A.
El 95% de su peso es agua, el 4% hidratos de carbono.
Apenas contiene grasas, posee poder diurético, siendo un aliado de excepción en las dietas de adelgazamiento y control de peso (dos tomates medianos aportan sólo 22 calorías).
Es antioxidante intracelular, favorece la depuración de productos tóxicos e impide la acumulación de metales pesados como el plomo.
Brinda la integridad a la pared celular, haciéndola menos permeable y frágil.
Numerosos estudios demostraron que el consumo habitual de tomate reduce algunos tipos de cáncer: próstata, pulmón, páncreas, tracto digestivo, más el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Se ha constatado su efecto positivo en la prevención de arteriosclerosis y síndrome de degeneración macular, principal causa de ceguera en adultos mayores de 65 años.
Un equipo de investigadores británicos y norteamericanos, tras analizar 72 estudios, comprobaron que el licopeno que contiene el tomate es un poderoso antioxidante que previene especialmente los cánceres de próstata, pulmón y estómago.
Por su parte, el coordinador del equipo investigador de la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston, Edward Giovanucci, confirmó que la ingesta habitual de tomate evita el cáncer de esófago, páncreas, mama, colorrectal, bucal y cervical.
Ello se debe a que esta fruta es rica en sustancias fotoquímicas con propiedades anticancerígenas que protegen a las células.
Por otro lado, el doctor Omar Kucuk, de la Universidad de Wayne, en Detroit, informó que pacientes con una ración diaria de tomate, tres semanas precedentes a una intervención quirúrgica, demostraron en un 67% que los tumores no se habían extendido a otros tejidos.
Además, el 84% beneficiado con el contenido de licopeno tuvo tumores inferiores, asegurando los especialistas que el licopeno provoca una regresión del cáncer de próstata.
El licopeno ejerce una espectacular actividad antioxidante, con consecuencias favorables sobre el sistema inmunológico, el control del crecimiento, la diferenciación celular y la comunicación intercelular.
El jugo amarillo que rodea sus semillas disminuye el peligro de aterosclerosis.
Sus baja cantidad en sodio y grasas es útil para enfermos cardiovasculares e hipertensos.
Ideal para dietas hipocalóricas.
El alto contenido en ácido fólico lo vuelve muy indicado para embarazadas.
Es digestivo. No obstante, los oxalatos que posee perjudican a personas con tendencia a formar cálculos renales o con inconvenientes de acidez gástrica.
Baja los niveles de colesterol malo.
Es altamente laxante, sobre todo si se consume con piel.
Alcaniliza la sangre y contribuye a tratar el reumatismo.
Colabora en la curación de problemas hepáticos.
Ideal para casos de lesiones glandulares.
Al ser diurético, es aconsejable para trastornos urinarios y de los riñones.
Es remineralizante, vitaminizante, energizante y equilibrante celular.