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Cada vez se afirma más la idea de que el estrés pasa factura a diversos aspectos fisiológicos y psíquicos del ser humano y una de las consecuencias asociadas a las que se le está dando mayor crédito es al Mal de Parkinson.
Los expertos así lo creen porque el estrés produce un aumento de la actividad de un neurotransmisor cerebral que influye en la degeneración neuronal.
"El incremento de este tipo de padecimientos cerebrales puede ser indicativo de una forma de vida a la que, al menos por ahora, el cerebro de las personas no parece estar adaptado", explicó el director del área de Neurociencias del Xanit Hospital Internacional, el neurólogo Víctor Campos.
Se multiplica el Mal a partir de los 60 años
Al crecer la esperanza de vida y ampliarse la franja de población envejecida, el Parkinson va en aumento.
Campos considera que desde los 60 años de edad en adelante, “los nuevos casos se incrementan de manera progresiva”.
Destacó que hay un tramo en la vida que plantea más peligro, entre los 72 y los 75 años, cuando la aparición del Mal “es más grave y con peor respuesta a tratamientos”.
Alertó sobre el hecho de que un 5% por ciento de los pacientes cuenta menos de 40 años de edad, aunque la mayoría de los enfermos son personas mayores.
Es un trastorno cerebral que lleva a experimentar agitación, temblores, dificultad para caminar, moverse y coordinar la movilidad.
El control del movimiento muscular deviene de las neuronas del cerebro, las que se destruyen lentamente, llevando a la pérdida de la función muscular. En este aspecto, justamente, el estrés actúa debilitando a las neuronas por el excesivo desgaste general que sufre la persona estresada.
Hoy, aunque no es totalmente concluyente, algunos especialistas confían en que la toxicidad metálica y el estrés oxidativo del tejido cerebral, arman el escenario para este tipo de degradación de las células cerebrales y el desarrollo del mal de Parkinson.
Se ha reconocido por mucho tiempo que la mayoría de las víctimas de Parkinson, padecen una deficiencia en su capacidad para desintoxicarse, es decir, para eliminar los productos químicos a los cuales son expuestos.
Asimismo, los estudios demostraron que los pacientes con Parkinson reúnen bajos niveles de antioxidantes naturales que los protejan de aquellos que les falta un electrón (radicales libres). Estas moléculas tienden a ligarse con otras moléculas en el cuerpo, dañando algunas o todas las células del organismo, incluso las cerebrales . También admiten que altos niveles de hierro metálico aumentan las reacciones de los radicales libres.
Es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de amplia demanda.
Se trata, en principio, de una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, pero hoy en día es fácil que incursione como una patología, especialmente, cuando bajan las defensas frente a determinadas circunstancias que arrastran problemas, desencadenando inconvenientes graves de salud.
Una respuesta natural que ingresa en un exceso ocasiona una sobrecarga de tensión, repercute en el organismo, y origina enfermedades y anomalías que impiden el normal funcionamiento del cuerpo.
Algunos ejemplos son los olvidos incipientes, pérdidas de memoria, alteraciones anímicas, nerviosismo y falta de concentración, entre otros síntomas.
Estrés empeora Parkinson
Enfrentar una enfermedad crónica y progresiva es una gran causa de estrés. Muchas personas con Parkinson sufren depresión, de ahí que está predominando el mundo la derivación de enfermos de este mal a grupos de ayuda para compartir cómo lidiar con esta afección.
Otras fuentes: Daniel Kantor, MD, Medical Director of Neurologique, Ponte Vedra, FL and President of the Florida Society of Neurology (FSN).
Informe sobre estrés y trabajo de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo (OSHA)