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Uno de cada cinco (20%) de pacientes con infarto de miocardio terminan con una insuficiencia mitral isquémica que puede cronificarse.
Por ello, expertos internacionales, en la última reunión científica del American College of Cardiology, celebrada en Nueva Orleáns, EE.UU. han remarcado la importancia de practicar un seguimiento de estos individuos en los meses y años posteriores al suceso.
La insuficiencia mitral isquémica crónica ocurre al presentarse un defecto en el cierre de la válvula mitral, la que separa la aurícula izquierda del ventrículo izquierdo.
Cuando el ventrículo late, esta válvula no cierra completamente, imposibilitando que la sangre regrese hacia la aurícula y avance al organismo a través de la aorta.
Las características del infarto determinan las posibilidades de que suceda este defecto.
Un infarto inferior (oclusión de la arteria coronaria derecha) marca la probabilidad de contraer la insuficiencia mitral isquémica crónica en un 38%.
En cambio, el infarto anterior, que significa una oclusión de la arteria descendente izquierda anterior, disminuye la posibilidad a un 10%.
Pese a las diferencias, cualquiera de estos episodios de índole vascular, merece un seguimiento imprescindible del paciente por meses, inclusive años, reiteraron en su exposición los distintos expertos.
Se dio un “vuelco” en su abordaje y tratamiento, en los últimos años, porque se avanzó mucho en el conocimiento de la fisiopatología de la insuficiencia mitral isquémica y más aún en su historia natural.
Si la irregularidad es muy embrionaria, se ataca con fármacos, en general con diuréticos. Se mantienen de esta manera bajos niveles de riesgo y no se precisa la intervención quirúrgica, destacó el doctor José Cuenca Castillo, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y jefe del Servicio de Cirugía Cardiaca del Complexo Hospitalario Universitario Juan Canalejo de A Coruña.
Muchos otros pacientes, el 90%, necesitan ser operados con cirugía abierta de reparación mitral, que arregla la válvula con un anillo mitral que, a la vez, reduce el tamaño de la misma e impide el reflujo de la sangre desde el ventrículo izquierdo a la aurícula izquierda.
El 2 por ciento de los sujetos perjudicados por esta lesión precisan un trasplante cardiaco. Los especialistas argumentaron en el encuentro que es la solución más drástica y menos habitual, por la falta de donantes suficientes y porque únicamente este trasplante es posible practicarlo en menores de 65 años y sin otras enfermedades.