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Por primera vez se cumplió un estudio sobre la posibilidad de prolapso vaginal en transexuales. Se verificó que también pueden sufrir esta situación, que se caracteriza por el debilitamiento de los músculos ubicados en torno a la vagina, mientras que simultáneamente colapsan los órganos cercanos a la misma.
El prolapso ocurre generalmente pasados los 15 años de la cirugía transgénero, de acuerdo a un estudio realizado en Suiza.
El inconveniente atentó a cuatro de cada 55 transexuales que participaron en la investigación publicada en la revista Fertility and Sterility.
Por otra parte, se vieron perjudicadas la mitad de las mujeres mayores de 50 años que tuvieron hijos.
"Los médicos que atienden a pacientes transexuales deben prestar atención a este problema de salud, que perjudica a la vejiga, el intestino, la función sexual y la calidad de vida", dijo Annette Kuhn, ginecóloga de la Universidad de Berna.
Los expertos examinaron la pelvis de 55 transexuales, al tiempo que aplicaron un cuestionario sobre síntomas urinarios e intestinales vinculados con el prolapso vaginal.
La edad promedio del grupo era de 57 años y la antigüedad de la cirugía
de reasignación de sexo era de 16 años.
Cuatro presentaron prolapso vaginal. En 52 participantes, la transición había sido al sexo femenino y en tres, al masculino.
Como este segundo grupo retenía por lo menos una parte de la vagina,
corrían, asimismo, el riesgo de sufrir prolapso.
Dos pacientes con prolapso vaginal necesitaron una corrección quirúrgica.
La vagina se refuerza con un procedimiento similar a "un sándwich", manifestó el doctor Tyler Muffly, de la Clínica Cleveland, en Ohio. "Colocamos una malla en las paredes posterior y anterior, y la suspendemos del coxis", explicó.
Las mujeres transgénero son vulnerables al prolapso vaginal porque las
paredes de la nueva vagina resultan más delgadas que en la mujer promedio, comentó la ginecóloga Marci Bowers, que se dedica a la práctica de intervenciones quirúrgicas transgénero en San Mateo, California.
Veinticinco de 52 participantes, es decir, casi la mitad sufrió problemas urinarios; 13 fueron susceptibles de incontinencia al toser o estornudar, y nueve sintieron urgencia de orinar con frecuencia.
Todo ello acontecería por la modalidad de la cirugía, en la que se "construye" una nueva vagina entre la vejiga y el recto, lo que podría alterar los nervios, el esfínter y los músculos del piso pélvico.
En Estados Unidos, una de cada 10.000 personas se efectuó una operación de reasignación de sexo femenino y una de cada 25.000 de de sexo masculino, informó Bowers.
La experta agregó que una cirugía de cambio de sexo cuesta entre 8.000 y
40.000 dólares, según el lugar.
Bowers destacó que en la actualidad se construyen vaginas más grandes que las analizadas en la investigación. Desde el 2003 – remarcó - sólo hubo dos casos de prolapso.
Kuhn, por su parte, apuntó que los prolapsos vaginales estudiados aparecieron en años posteriores de la intervención que reasignó el sexo.
Fueron ideados por el Dr. Arnold Kegel para fortalecer los músculos del suelo pélvico.
Se practican de varias maneras, aunque todas contraen y relajan el músculo del suelo pélvico en repetidas ocasiones, con el objetivo de incrementar su fuerza y resistencia, y así prevenir o evitar la incontinencia urinaria y otros problemas relacionados.
· Modalidades de ejercitación
1. Lento
Apretar los músculos como cuando se intenta detener la orina, tirándolos hacia arriba; contraerlos luego y conservarlos en esta situación en tanto se hace una respiración suave de cinco segundos, continuada de una relajación por otros cinco; este accionar precisa efectuarse diez veces.
El tiempo de contracción y relajación hay que extenderlo hasta 20 segundos.
2. Rápido
Se aprietan y relajan los músculos con toda la rapidez posible hasta experimentar cansancio, o bien si pasaron dos o tres minutos de esta actividad.
El comienzo implica 10 repeticiones cuatro veces al día hasta sumar 50 diarias.
· El ascensor
Con cierta concentración, sus resultados son muy buenos. La vagina es un tubo muscular con secciones en forma de anillo dispuestas una sobre otra, como si fuera su imagen un ascensor.
Entonces, conservando en la mente el funcionamiento de un ascensor hay que subir con suavidad los músculos pélvicos, aguantar un segundo en cada piso, y seguir ascendiendo cuanto se pueda.
Para bajar, hay que relajar por completo la musculatura mientras se empujan los músculos pélvicos hacia abajo (como en estado de parto), siempre respirando pausadamente y sin buscar ayuda de los músculos abdominales.
· La onda
Hay un anillo pélvico que se ubica alrededor de la uretra, otro en torno a la vagina y el restante en las cercanías del ano. Se deben contraer y relajar estos anillos de atrás hacia adelante.
Otras fuentes. Biamonti M.La incontinencia, todo lo que siempre has querido saber. París. Notes Health Care. Octubre 2005
Postgrado de Fisioterapia Obstétrica y reeducación de suelo pélvico. Universidad Internacional de Cataluña. Octubre 2005- Junio 2006