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El té amarillo es del mismo árbol de té común, la diferencia radica en el grado de fermentación que le brinda cualidades especiales; en general, es poco fermentado.
Su principal virtud, demás de ser un poderoso antioxidante que evita la degeneración de células y ataques como el cáncer, es que resulta muy bueno para la vista.
Las propiedades del té amarillo son múltiples: digestivas y diuréticas, sumándose las siguientes bondades:
Conservarlo dentro de un recipiente hermético, alejado de alimentos con aromas intensos, en sitios frescos y secos, lejos de la luz.
Una cuchara de las de té postre llena por taza de aproximadamente 180 – 220 ml); se añade agua caliente de aproximadamente 80-85º; dejarlo reposar entre 2 y 3 minutos, según se prefiera más o menos intenso.
Los buenos y excelentes tés se infusionan varias veces.
Una segunda infusión sale muy buena y contiene menos o nada de cafeína sin perder los minerales. Por lo tanto, es ideal su toma por parte de quienes son susceptibles a sufrir de falta de sueño.
Este té no es muy adecuado para tomarlo frío. Es conveniente no tomarlo endulzado. En general, los tés no se toman con azúcar.
Es una infusión originada por monjes budistas y taoístas y proviene de una larga tradición.
El proceso del manipulado se distingue básicamente en que la fermentación es muy breve y se frena mediante calor.
Su procesamiento está entre medio del té blanco y el té verde, pues se obtiene por un breve proceso de fermentación frenado con calor seco. Esto determina el color y la textura del té amarillo.
Lic. Enrique Koo Chang, Swami Anand Nadhín, director de la Organización Vital.