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Se demostró recientemente, a través de un conjunto de estudios, que el estrés sufrido en la infancia por pobreza, abuso emocional y pérdida temprana de madre y/o padre, predispone a sufrir enfermedades cardíacas y a acelerar el envejecimiento celular en la edad adulta.
Pudo constarse el impacto físico del estrés emocional en los menores, apreciándose la asociación con niveles de pobreza y signos prematuros de afecciones en el corazón en la adultez, según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, tras una evaluación y seguimiento de 200 adolescentes efectuados en la Universidad de Pittsburgh.
Los adultos provenientes de familias de escasos recursos presentaron arterias más rígidas y una mayor presión arterial, sumándose una mayor frecuencia de estas dolencias en aquellos que vivieron extrema pobreza y situaciones hostiles y amenazantes.
Las adversidades durante la infancia traen aparejadas repercusiones en la vida adulta, como la inflamación y envejecimiento prematuro, mucho antes que quienes no han sufrido traumas infantiles.
En determinados casos se prevé que la expectativa de vida llega a disminuir hasta en 15 años debido a la baja de las reservas del cuerpo.
De 132 participantes, se obtuvieron estos datos: situaciones de depresión que se fueron arrastrando a lo largo de la vida por abuso físico y/o emocional durante la minoridad y negligencia en su cuidado.
Una sola adversidad en la niñez fue suficiente para encontrar telómeros más cortos y niveles más altos de inflamación.
En este aspecto, la profesora Janice Kiecolt-Glaser ratificó "nuestra última investigación indica que las adversidades de la infancia proyectan una larga sombra en la salud del adulto, conduciendo a una mayor inflamación de la sangre y un envejecimiento prematuro, mucho antes de quienes no padecieron traumas infantiles. Lamentablemente, en ciertas personas, su vida acaba 15 años antes de lo esperado”.