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El Virus del Papiloma Humano (HPV) es sumamente difundido y se vincula en forma directa con el cáncer de cuello de útero, la segunda causa de muerte en las mujeres luego del cáncer mamario. Produce alrededor de 500.000 decesos anuales en todo el mundo.
La transmisión del HPV es a través de la relación sexual, de ahí la necesidad de prevenirlo desde el inicio de la vida sexual con el uso de preservativo, controles médicos y aplicación de vacunas.
Las jóvenes deben tener una mirada atenta al respecto, más aún porque la actividad sexual suele presentarse en edades tempranas.
Sobre el tema, Hebe Vázquez, de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (Funcei) y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SAI) dijo que “el 30% de las mujeres de menos de 25 años -con una vida sexual activa- tiene el HPV.
La incidencia es del 25% entre los 30 y 40 años y a partir de esa edad declina, para volver a ser del 30% en las de más de 50”.
Hay que llegar a la población juvenil, a las instituciones y profesionales que trabajan con jóvenes, para difundir la toma de recaudos y evitar “una lesión tan seria como el cáncer de cuello por su alta tasa de mortalidad”.
Hay dos procedimientos para identificarlo y reconocer su magnitud; a través del papanicolau y la colposcopía, por los que se ven los daños, es posible realizar biopsias y, en situaciones necesarias, llevar adelante tratamientos.
El HPV es responsable de la verruga vulgar de la piel. Existen más de 100 cero tipo de virus; algunos son cutáneos tróficos – afinidad por la piel- y otros muco tróficos –afinidad por las mucosas-. Estos últimos son los que más injerencia tienen sobre la posibilidad de afectar el cuello uterino, siendo los causantes de patologías severas como el cáncer.
Los diversos cero tipo de virus ejecutan diferentes perjuicios: de bajo y de alto grado. Estas últimas son las que más preocupan a los ginecólogos y merecen acciones destructivas locales.
Así como las lesiones tratadas se superan, sin embargo, pueden regresar espontáneamente, razón por la cual se utilizan tratamientos agresivos o menos invasivos, simples y ambulatorios, según las circunstancias, siempre procurando no lastimar al cuello y/o a afectar a la fertilidad posterior.
Los especialistas aconsejan el control de la pareja y la adopción de medidas precautorias después de aplicarse un tratamiento.
En los varones el VPH suele manifestarse sin ningún síntoma, aunque en algunos casos surgen verrugas genitales. A veces se requieren estudios especiales porque en ocasiones es enduretral. Se observan como pequeñas crestitas: los cotilomas, con facilidad de tratamiento. Los urólogos están en condiciones de resolver estos problemas.
“Es imprescindible hablar con las chicas y los chicos antes de que ocurran las consecuencias desagradables”, informó Funcei en un extenso comunicado del quel se extrajeron los párrafos principales para este artículo.
“Hay que tomar prevenciones, sobre todo con las niñas, jóvenes y adolescentes porque las lesiones llegan y se precisa actuar con cuidado”.
El preservativo, si bien no es una prevención del ciento por ciento, ayuda mucho. Nunca hay que dejar de usarlo, al igual que las vacunas que “deben aplicarse en las púberes”. Esto no significa que no puedan administrarse más tardíamente, pero lo fundamental es usarlas antes de comenzar la vida sexual.