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Científicos británicos confían en haber hallado patrones específicos de la actividad cerebral en niños y jóvenes que podrían ser señales o "marcadores" de la futura aparición de enfermedades mentales, tales como la esquizofrenia.
Investigadores de la Nottingham University, que presentaron su estudio en el Foro de Neurociencia Europea en Amsterdam, se abocaron a dilucidar si los patrones sugieren que “con el paso del tiempo será factible identificar a las personas en riesgo de enfermarse antes de que sufran los síntomas.”
"Si ubicamos a la gente con un peligro particularmente alto de padecer esquizofrenia, quizás usando marcadores neurocognitivos, podremos reducir la enfermedad y ayudarlos a funcionar mejor", anticipó la doctora Maddie Groom, que trabajó en el estudio.
"Si les damos un mejor comienzo, enfrentarán la problemática de una forma más positiva y sin perjudicarse tanto", agregó.
Cientos de millones de personas en todo el mundo sufren enfermedades mentales, neurológicas y actitudinales, como esquizofrenia, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), depresión, epilepsia y demencia.
Muchos de los que padecen estas afecciones poseen antecedentes de conducta que se remontan a la infancia, pero los expertos hasta la actualidad habían vaticinado que en esa etapa es muy difícil detectarlos, porque las diferencias son extremadamente sutiles.
Ahora, el estudio de Groom y su equipo investigaron a hijos sanos de personas con esquizofrenia, que experimentaban un riesgo levemente mayor de producir la enfermedad en comparación con la población general.
A través de imágenes del cerebro para leer sus niveles de actividad, los científicos pidieron a los niños que usaran un juego de computadora en el que debían responder rápidamente, o resistirse a reaccionar.
"Al medir la actividad cerebral de los hijos de personas con esquizofrenia, ésta se redujo en el momento en que debían prestar atención al estímulo y cuando debían inhibir su respuesta", explicó Groom.
“Esto demuestra que las sutiles diferencias podrían actuar como un marcador del riesgo de la enfermedad, añadió.
En un segundo estudio, el equipo comparó la actividad cerebral de niños con TDAH, un desorden mental que afecta a entre el 8 y el 12 por ciento de los niños y al 4 por ciento de los adultos en todo el mundo.
Los investigadores les indicaron a los participantes el mismo juego de reacciones rápidas en varias situaciones, incluyendo cuando los niños estaban tomando su medicación, Ritalin, y cuando no, y después aplicaron un sistema adicional de recompensas y castigos.
Los resultados atestiguaron que los niños que consumían el medicamento y los que recibían incentivos, lograban un mejor rendimiento, que aquellos que no utilizaban el fármaco y no obtenían ninguna recompensa.
Según Groom, esto propone ya que los médicos busquen nuevas alternativas para tratar a los niños con TDAH, mediante la combinación de estrategias conductuales con medicamentos.