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Un trabajo que acaba de ser aceptado para su publicación en Frontiers in Human Neuroscience, da luz -y con inquietante precisión -al más complicado problema de las células nerviosas al producirse el estado vegetativo.
El uso de equipos de resonancia magnética funcional (que permiten identificar qué zonas del cerebro están activas en un momento dado), permitió que un grupo de investigadores argentinos, con el que colaboró Adrian Owen de la Universidad de Cambridge, descubrieran residuos de conciencia en pacientes que habían sido catalogados como vegetativos, estado en que la persona no posee conciencia de sí misma ni de su entorno, ni responde a órdenes simples.
"Diseñamos un test muy sencillo que abrió la posibilidad de detectar residuos de conciencia que se pasaban por alto en pacientes con daño cerebral. Asimismo, registramos la activación de áreas cerebrales vinculadas con la preparación para el movimiento en respuesta a comandos verbales", explicó el doctor Tristán Bekinschtein, primer autor del trabajo, junto con la firma de Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, más Valeria Della Maggiore, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA y Mirta Villarreal, del Instituto de Investigaciones Neurológicas Raúl Carrea.
La prueba con tecnología avanzada implica cinco minutos, exige tecnología actualizada y pericia técnica: consiste en la obtención de imágenes de resonancia magnética funcional, mientras se solicita a los pacientes que muevan una mano.
De un total de 24 individuos, dos evidenciaron actividad en la corteza premotora correspondiente a la mano indicada, área involucrada en la preparación y ejecución de movimientos voluntarios.
"Esto indica que habrían residuos de actividad consciente” –argumentó Bekinschtein desde su oficina en la Unidad para la Investigación Cognitiva y del Cerebro de la Universidad de Cambridge-. “Quiero decir que, en lugar de estar en estado vegetativo, los sujetos habrían estado en un nivel de conciencia mínima."
Desde la década del 80, se sabe por registros en animales que las neuronas de la corteza premotora son las que intervienen en la selección del movimiento. "Si un mono sabe que con un botón va a encender una luz, se activan primero las neuronas de la corteza premotora y luego les pasan el «plan» a las de la corteza motora” -explicó Della Maggiore, que estudia la neurofisiología del control motor.
Maggiore destacó que hay dos áreas del cerebro que están muy próximas, y cuyas neuronas envían axones a la médula.
Un axón tiene prolongaciones de las neuronas especializadas en conducir el impulso nervioso desde el cuerpo celular hacia otra célula. En la neurona adulta se trata de una prolongación única.
Según la experta, hubo que descartar que los pacientes no experimentasen lesión medular o corticoespinal, y que mantuviesen intactas las vías de la audición.
Los pacientes fueron sujetos a pruebas electromiográficas (para detectar señales nerviosas en los músculos) y de potenciales evocados (que registran las respuestas cerebrales ante estímulos de los sentidos).
De los 24 personas que aunaban los criterios diagnósticos para el estado vegetativo, once sostenían preservados los potenciales para la audición y a estos últimos, se les practicó resonancia magnética funcional para probar si podían procesar el lenguaje.
A los cinco que mostraban actividad en esta área cerebral se les ejerció un segundo estudio, durante el cual se les indicó ocho veces (con algunos segundos de silencio entre comando y comando) que movieran la mano izquierda o derecha.
"Quisimos mirar dentro del cerebro si había actividad compatible con un movimiento voluntario –dijo la científica-. Al revés de lo que uno hace normalmente, en ausencia de movimiento evidente, buscamos signos de que estos pacientes estaban planeando movimientos."
Como es fácil advertir, estos resultados ofrecieron importantes implicancias clínicas y bioéticas.
Para Manes, se dieron evidencias previas que demostraron que “una pequeña proporción de pacientes en estado vegetativo, o en estado de conciencia mínima, pueden disponer de reserva cognitiva que no es vista con la evaluación neurológica de rutina”.
"Esto es crítico para evaluar el pronóstico y la estrategia de rehabilitación”,explicó.
Las personas en estas condiciones podrían potencialmente beneficiarse en términos de comunicación, mediante la utilización de interfaces cerebro-computadora.
En teoría, algunos pacientes que parecen no responder clínicamente, quizá podrían alcanzar algún tipo de comunicación básica con el mundo exterior.
Subrayó Manes que un examen cuidadoso y multimodal es vital para minimizar errores de diagnóstico.
La utilización de la resonancia magnética funcional en los pacientes estudiados, mostró por primera vez actividad en las áreas motoras y premotoras del cerebro.
Muerte cerebral: es el cese total y permanente de todas las funciones nerviosas; se confirma por el electroencefalograma plano.
Coma: falta total de respuestas e incapacidad de abrir los ojos.
Estado vegetativo: el sujeto posee los ritmos biológicos preservados, alterna entre sueño y vigilia, conserva algunos reflejos, pero no tiene conciencia de sí mismo ni de su entorno.
Mínima conciencia: surge cuando se ve por lo menos un comportamiento que manifieste la presencia de conciencia.
Enclaustramiento ( locked-in syndrome ): la persona preserva sus capacidades cognitivas, aunque posee las vías neurológicas destruidas. Está atrapada en su propio cuerpo.