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La idea de que los niños superdotados demuestran menos competencias socio-emocionales fue rebatida, tras tener en cuenta muchas ideas equivocadas sobre las personas con un grado alto de inteligencia. Así lo puso en blanco la tesis doctoral de la Universidad de Murcia a través de Marta Sainz Gómez.
Muchos individuos creen que la superdotación es una suerte y que un chico en estas condiciones no necesita ninguna ayuda.
Tampoco faltan, y en demasía, quienes creen que un niño superdotado tiene garantizado el éxito en su futuro, pese a que confían que un alto nivel de inteligencia lo torna vulnerable ante las emociones.
La mayoría ignora que estas creencias son contrarias a la verdad.
La tesis doctoral mencionada remarca que los superdotados no experimentan menos emociones que el común de la gente.
El trabajo investigativo ha puesto de manifiesto –respecto a la creatividad y los niveles de inteligencia- que los alumnos superdotados presentan sus trabajos y producciones creativas de manera más elaborada, con mayor perfeccionismo y organización.
Sin embargo, la alta inteligencia con un coeficiente intelectual por encima de 130-140, si bien destaca la diferencia con los menores de media y baja inteligencia en su mayor conciencia, apertura y estabilidad emocional, eso no quiere decir que los superdotados alcancen un equilibrio emocional superior.
El estudio verifica que los superdotados logran una mayor adaptabilidad, mejor manejo del estrés y mejor estado de ánimo, aunque no quita que se hallen expuestos a cualquier tipo de vulnerabilidad, que les provoque una caída emocional.
La superdotación infantil es una asignatura pendiente en todos los sentidos, en la legislación y en los planes de estudio. Hacen falta educadores que tengan formación en el tema, una oferta de planes educativos y de integración especiales, y que los padres obtengan conocimientos sobre cómo actuar en el caso de que tengan un hijo superdotado.