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Durante muchos años preponderó el concepto equivocado de que un enfermo internado no debía recibir flores, a partir de la idea de que un florero con agua y flores podía ser motivo de acumulación de bacterias.
En cuanto a las plantas ubicadas cerca de la cama de un paciente, se ha creído por largo tiempo que competían con el oxígeno.
También se consideró que las flores amenazaban contra el buen funcionamiento del equipamiento médico en la habitación de un establecimiento asistencial.
Las razones expuestas han sido la base por la cual los médicos, durante largo tiempo, aconsejaron e intentaron que los familiares y amigos de un enfermo dejaran de llevar flores a la hora de la visita.
La prestigiosa revista British Medical Journal publicó un trabajo reciente que apuntó a verificar si las ideas en torno a las flores se hallaban justificadas.
Giskin Day y Naiome Carter, profesionales del respetado Imperial College de Londres, Inglaterra, revisaron en detalle la literatura médica publicada sobre esta temática. A la vez, interrogaron a una gran cantidad de pacientes y de personal médico de distintos hospitales de Londres para aunar nuevos puntos de vista sobre esta cuestión.
En 1973, una investigación halló una alta cantidad de bacterias en el agua de floreros de pabellones hospitalarios; no obstante, no hubo informaciones que dieran cuenta de evidencias de que los floreros cargados con agua provocasen alguna infección hospitalaria.
Pese a la ausencia de datos concretos, la mayoría de hospitales y sanatorios ingleses mantuvieron la práctica de prohibir la presencia de flores en las habitaciones, en especial durante la noche.
El nuevo estudio mostró que las flores próximas a las camas de los pacientes en la noche, no compiten con la composición del aire y no se justifica que se quiten, dado que no dañan al oxígeno.
Tampoco se considera que se ponga en riesgo el equipamiento médico, ya que el paciente come y bebe en su cama, cerca de ese mismo equipamiento, sin la existencia de un problema.
No es menos cierto que las enfermeras argumentan que los floreros les molestan para el desempeño de sus tareas, siendo un estorbo para maniobrar en la habitación; sin embargo, no aludieron a algún peligro de infección para los pacientes.
Ahora se sabe que las flores ejercen un efecto benéfico en las reacciones emocionales, en el estado de ánimo y en las conductas.
De hecho, hay nuevos estudios en los que se ha indicado que los pacientes que se recuperan en una sala de hospital decorada con plantas y flores necesitan una menor cantidad de analgésicos, en lugar de otros que se recuperan en una sala despojada de estos adornos.
Se ha constatado, en el último estudio efectuado, que la presencia de plantas lleva a la mejoría de varios parámetros cardíacos, baja el nivel de ansiedad y de fatiga y suscita en los internados sentimientos positivos.
El editorial del BMJ concluye que no hay justificación para impedir que haya flores en las habitaciones de los pacientes.