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DETALLES SOBRE UNA TERAPIA INNOVADORA QUE BORRA
LOS MALOS RECUERDOS
Una terapia innovadora, llamada extinción, que se basa en técnicas de condicionamiento, logra que las vivencias aterradoras que causan daño psicológico y pesadillas, se modifiquen antes de asentarse en la memoria de quienes las experimentaron.
El Trastorno de Estrés Postraumático (TEP), que afecta a una de cada diez personas en algún momento de su vida, es un asunto de tratamiento preocupante desde hace tres décadas por sus consecuencias.
El TEP consiste en una serie de secuelas y trastornos psicológicos y psiquiátricos, a veces profundos y con consecuencias permanentes, que desencadenan en violencia, tanto en las víctimas directamente afectadas como en sus familiares o entorno más próximo, además de originar daños físicos irreparables.
El TEP “de origen humano” responde a maltratos domésticos, accidentes graves de violencia sexual, grandes y tristes problemas familiares, laborales y de tráfico.
Asimismo, responde a atentados terroristas con múltiples muertos, heridos, amputados y refugiados, junto a otras situaciones que se agregan tales como la pobreza y devastación.
Modificación de la memoria
Cuando un recuerdo se rememora, se abre una ventana temporal factible de alteración. Al reactivar un miedo, es posible hacerlo desaparecer mediante una sencilla técnica de condicionamiento.
Al menos es lo que han practicado con éxito científicos de Estados Unidos, que al parecer han echado las bases de una nueva psicoterapia.
“Antes de que los recuerdos sean almacenados, hay un período en el cual éstos son susceptibles de ser trastocados”, informó la doctora Elizabeth Phelps de la Universidad de Nueva York.
Los recuerdos aterradores se bloquean sin recurrir a medicamentos. Es así que las nuevas formas de tratar el TEP, permitió –al reactivar la memoria en una persona- descubrir objetos que le estimulaban un recuerdo aterrador, procediendo a su “edición” (una abertura de ventana en el tiempo) antes de almacenarlo nuevamente.
La denominada “ventana temporal de susceptibilidad” se genera habitualmente en el lapso de diez minutos luego de que se vuelve a exponer el objeto que evoca la experiencia aterradora y hasta seis horas después, cuando el recuerdo se reincorpora en la mente.
En lo que se conoce como “condicionamiento clásico de miedo “, se aplicó el entrenamiento “de extinción”.
Según los expertos, las respuestas emocionales al miedo pueden disiparse en un proceso llamado extinción, siempre que la persona sienta el mismo suceso aterrador en un ambiente seguro. “Cuando ocurre esa extinción, el recuerdo de miedo queda suprimido” explicó la doctora Phelps.
“Este hallazgo facilita la creación de nuevos métodos de entrenamiento para ayudar a las personas a superar recuerdos difíciles o traumáticos”, concluyeron los estudiosos.