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La ausencia de líbido, o deseo femenino, se vincula a un problema físico genuino, conforme lo indicaron investigadores de la Universidad Estatal de Wayne, en Detroit, Estados Unidos.
El estudio sobre la temática concluyó: “la falta de deseo sexual en las mujeres tiene su origen en un problema de orden físico”.
Los expertos descubrieron que “en el sexo femenino que sufre inconvenientes con la libido, el cerebro funciona de manera diferente”.
Agregaron que a su entender es una “evidencia sólida” de que el bajo deseo sexual posee un origen físico.
El informe fue presentado en la conferencia de la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva, que tuvo lugar en Denver.
De acuerdo a lo señalado por los investigadores, se hallan diferencias en los procesos mentales de las mujeres con bajo impulso sexual.
Michael Diamond, director del trabajo, manifestó que el “trastorno de deseo sexual inhibido” es un “problema físico genuino”, un argumento que se opone a la postura de otros científicos.
Las ideas contrarias sostienen que a los factores físicos se suman problemas psicológicos y emocionales.
Un equipo de analistas reunió a 19 mujeres que habían sido diagnosticadas con el trastorno y comparó su reacción cerebral con otras siete sin el mismo.
Conectadas a un escáner de imágenes de resonancia magnética funcional –midiendo partes del cerebro y un incremento del flujo sanguíneo- se solicitó a las participantes que detuvieran su mirada durante media hora en la televisión, que alternaba programas diarios con videos eróticos.
Aquéllas a las que no se les diagnosticó “trastorno de deseo sexual inhibido”, experimentaron un ascenso en la actividad de las cortezas insulares vinculadas a las emociones.
Diamond emitió su opinión: “la identificación de cambios fisiológicos ofrece evidencias de que se halla un verdadero trastorno y no sólo un constructor social”.
Pese a los resultados mostrados, expertos en medicina psicosexual dijeron que no se hallaban muy convencidos.
Para Sandy Goldbeck-Wood, médica del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, la investigación es “interesante”, aunque podría se equivocado.
En esa línea de pensamiento, Wood remarcó la necesidad de nuevos análisis que determinen si los cambios cerebrales es posible relacionarlos a la función sexual o a la depresión, que acostumbran provocar inconvenientes de índole sexual.
Por otra parte, Peter Bell, terapeuta sexual de la organización británica Relate, remarcó que -la carencia de respuesta cerebral- ante la proyección de imágenes eróticas, muestra pronunciadamente a mujeres que perdieron el deseo sexual por una cantidad importante de motivos no especificados.
“Este trastorno es ahora una enfermedad médica reconocida, pero sigue siendo un misterio si hay una sola causa o varias“, sostuvo Bell.
Destacó que el origen puede hallarse en cuestiones tan disímiles como un modo de vida ocupado, o el síndrome de ovario poliquístico (desorden endocrino que causa una carencia de balances hormonales).
Bell añadió que “cualquier mujer que no se siente ‘sexy’ piensa que presenta un problema”.
“ Creo que este trastorno existe, aunque perjudica a menos mujeres de las que se ha considerado”, concluyó el experto.