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La gripe alcanza su pico máximo entre cuatro y seis semanas tras ser contraída. Pero siempre existe la amenaza de su prolongación en el tiempo, acompañada de otros trastornos semejantes que la incrementan y la llevan a cuadros más severos.
Los síntomas de la gripe son: escalofríos, fiebre, dolores musculares, estornudos, tos, malestar general y dolor de cabeza, que duran pocos días y se van lentamente. El estado normal de la salud se recobra en una o dos semanas.
Sin embargo, hay pacientes que continúan con los síntomas transcurridas dos o tres semanas y no se recuperan. En consecuencia, se dice que es una “'gripe mal curada'.
El periodo de convalecencia después de una gripe es distinto en cada persona, pero “gripe mal curada” no existe en la terminología diagnóstica médica y lo que popularmente se conoce como tal se refiere a sus complicaciones por otros trastornos que simularon esta afección, o por la presencia de enfermedades latentes cuyos síntomas se mezclaron con los de la gripe.
La complicación habitual de la gripe es la neumonía: una infección pulmonar en su mayor parte provocada por una bacteria que precisa un rápido diagnóstico y tratamiento.
La neumonía es la principal causa de mortalidad durante las epidemias de gripe, sobre todo en las personas de edad avanzada.
Su razón de ser, cuando es el virus gripal, tiene un pronóstico desalentador dado que no hay antibióticos eficaces.
Una complicación menos usual y de menor gravedad es la sinusitis. Es una infección de los senos paranasales -cavidades aéreas revestidas de mucosa, localizadas en los huesos craneales, que se comunican con la cavidad nasal y comprenden los senos maxilares, frontales, etmoidales y esfenoidales, siendo provocada por bacterias o virus.
La cronicidad se evita con diagnóstico y tratamiento precoz.
Cualquier proceso respiratorio con fiebre, tos, cansancio y malestar general es fácil que sea atribuido a una infección vírica.
En la gripe sin complicaciones, los síntomas comienzan a mejorar a partir de la primera semana y desparecen en una o dos semanas más.
La neumonía llega a confundirse con la gripe porque se manifiesta con síntomas parecidos, y es importante diagnosticarla precozmente porque los antibióticos curan las neumonías bacterianas y la mortalidad puede aumentar si se retrasa el inicio del tratamiento.
La sinusitis aguda se caracteriza por descarga de moco y obstrucción nasal y dolor de cabeza que los pacientes experimentan en la frente y región superior de la cara, con voz nasal, estornudos, tos y fiebre (no alta).
La tuberculosis pulmonar puede asemejarse a la gripe, pero con un inicio más insidioso: aumento de tos y progresiva, escalofríos (raramente) y la presencia de fiebre vespertina y poco elevada al comienzo.
En el cáncer de pulmón la tos es el síntoma inicial más frecuente, aunque puede hallarse fiebre y cansancio.
Un paciente con cáncer pulmonar, inicia los síntomas de esta enfermedad vinculados con la gripe.
Lo desafortunado es que el enfermo recurra al médico varias semanas, incluso meses, luego de finalizada la epidemia de gripe acompañada de tos, esputos manchados de sangre, cansancio y pérdida de apetito, que equivocadamente vincula a una gripe mal curada.
Si los síntomas gripales se amplían más de una o dos semanas, es fácil que surja una complicación que requiera asistencia médica, teniendo en cuenta que el cuadro es similar a otras enfermedades que revisten mayor gravedad.
Por otra parte, lo que suele conocerse como catarro mal curado es una infección de orden respiratorio provocado por un virus. En este caso, los síntomas se ven más leves y sin fiebre alta, localizándose en un principio en la nariz y la garganta hasta que acaban siempre bajando al pecho, lo cual da origen a la bronquitis.
Muchas veces la sinusitis termina en bronquitis.
Fuente: Joaquín Lamela López, especialista en neumonología ourense