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Las mujeres se ven más perjudicadas en su salud física y emocional cuando los vínculos con su pareja pasan por un mal momento.
El libro “Estrés conyugal” editado por Ediciones B, cuya autora es la psicóloga Patricia Faur, especializada en la temática de la pareja y “situaciones tóxicas”, ofrece recomendaciones para evitar circunstancias violentas.
El estrés es una capacidad adaptativa del cuerpo para afrontar ocasiones que cambian la vida y el cuerpo, con la necesidad y voluntad de de superarlas.
“Las parejas pasan por una serie de situaciones que requieren una adaptación permanente: distribución de roles, llegada de los hijos, cuestiones económicas, celos, inclusión de la familia política, vaivenes en la sexualidad”, indicó Faur.
Ya en su anterior libro “Amores que matan” dijo que todos los escenarios conyugales “plantean desafíos y las personas van haciendo ajustes, negociaciones, pactos y acuerdos con una respuesta de estrés normal activado ante un peligro, una amenaza, o un cambio”.
Pero cuando la comunicación se vuelve “hostil, sarcástica y deshumanizada”, ciertos vínculos se constituyen en una amenaza continua y el peligro también acecha constantemente.
Entonces, una comunicación “poco clara genera en el interlocutor un estado de confusión y duda”, lo que provoca la violencia emocional.
Se basan en “descalificaciones, desprecio, gestos de burla, sarcasmos, desautorización, amenazas veladas, mensajes desestabilizadores, miradas que encierran juicio y crítica”.
La ausencia de comunicación produce un malestar acumulativo que, finalmente, lleva a un estrés crónico: “desajuste del organismo que pierde toda capacidad de reacción ante el otro”.
Las mujeres son las que más caen en el estrés crónico por desavenencias conyugales a raíz de distintos factores: la depresión prevalece doblemente en relación con los hombres, presentan una vulnerabilidad neuroendócrina y a ello se suma que tienen la obligación de no desatenderse de sus hijos.
Los antecedentes culturales tienen amplia influencia. La psicóloga, docente de la Universidad Favaloro, manifiesta en su nuevo libro que “a las mujeres se las presionan para ser abnegadas y sacrificarse para mantener la cohesión familiar”.
En tanto, los varones se reconocen más dañados después del divorcio, en razón de que pierden su casa, el contacto y comunicación diaria con sus hijos y atraviesan por un reordenamiento económico.
Asimismo, no disponen de un entrenamiento emocional para procesar el duelo. porque culturalmente se impone que no deben llorar, que sepan arreglarse solos y que “sean fuertes”.
El estrés crónico origina en las mujeres, muchas veces, depresión y ansiedad.
Este desajuste puede suscitar “ problemas cardiovasculares, trastornos gastrointestinales, enfermedades autoinmunes, endócrinas y muerte neuronal en una región del cerebro relacionada con la memoria y el aprendizaje, con la consecuente dificultad cognitiva”.
Según Faur, “es importante detectar el malestar antes de que se transforme en una sobrecarga que enferme. Muchas mujeres soportan el maltrato psicológico por miedo al abandono, otras ni siquiera lo perciben como algo disfuncional. En cualquiera de los dos casos los efectos son nocivos”.
La profesional aconseja “recuperar un sentido de dignidad, no entrar en discusiones que terminen en escaladas de violencia y no quedarse en lugares de maltrato”.
Algunas herramientas para prevenir estados que enferman:
“El cuidado y el amor por uno mismo funcionan como el mejor límite frente al maltrato de los otros, mejora la comunicación, ayuda a ponerse en el lugar del otro, desarrolla la empatía y profundiza la intimidad emocional”, añade.