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Las personas que no absorben bien la leche y sus derivados tienen un aliado: el yogur.
Es un beneficio concreto y ya avalado por un panel de expertos de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), quien se ha ocupado de emitir un comunicado sobre las bondades del yogur a la hora de digerir la lactosa.
La enzima lactasa acciona en el intestino delgado, de modo que la leche y sus derivados, únicos alimentos ricos en lactosa, ingresan al organismo sin inconvenientes.
Pero, si bien la mayoría de los chicos nacen con una enorme cantidad de lactasa, a partir de los 3 a 5 años de edad la población en general comienza a experimentar una pérdida gradual de la actividad enzimática, que se traduce en problemas digestivos en la adultez.
Cuando se digiere mal la lactosa y ella arriba al intestino grueso, suelen surgir: flatulencia, dolor abdominal, hinchazón y diarrea.
En España, la intolerancia a la lactosa abarca entre un 36 y un 50% de los adultos, mientras que daña a un 20% de los niños.
El yogur es un producto de la leche coagulada que se logra por fermentación láctica a través de dos bacterias: Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus.
Así es definido, por ejemplo por la actual legislación española (Norma de Calidad BOE 18-2-2003), la que a la vez concuerda con el concepto que sobre dicho compuesto sostiene la Agencia Europea.
Las bacterias, o microorganismos productores de la fermentación necesaria, deben reunir la capacidad de reproducción y de conservación de la totalidad de sus compuestos en el transcurso de la vida útil del yogur: 28 días.
Asimismo, este alimento, para considerarse como tal, necesita una cantidad mínima de 100 millones por gramo o mililitro de bacterias fermentadas con un mantenimiento de 1 a 8º C, desde su fabricación hasta su consumo.
Los microorganismos del yogur (leche fermentada) transforman la lactosa –que es azúcar de la leche- en ácido láctico, lo que origina una disminución del pH y la coagulación de proteínas.
La fermentación cambia los elementos y propiedades organolépticas de la leche, en tanto que la baja del pH impulsa la conservación del alimento, al inhibir el crecimiento de bacterias putrefactas y otros microorganismos que se constituyen en un perjuicio.
Se ha verificado por medio de diversos análisis que el yogur es el producto lácteo que mejor se tolera, superando a la leche y a otros alimentos derivados de la misma. Esto responde a que las bacterias vivas que existen en el yogur reducen los síntomas de intolerancia a la lactosa por la presencia de β-galactosidasa liberada por ellas.
Otra consecuencia satisfactoria es que se da un menor contenido de lactosa en el yogur que en la leche, como consecuencia de la fermentación de las bacterias lácticas.