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Algunas personas sostienen el hábito de despertarse, durante las horas habitualmente dedicadas al sueño, para levantarse de la cama y abocarse a comer de manera compulsiva. Más aún, este comportamiento también se repite luego de la cena y antes de ir a dormir.
No obstante, hay conductas que recuperan el control del síndrome.
Al contrario de lo que se cree, la actitud es más frecuente en el sexo masculino que en las mujeres, aumentando, desde ya, el riesgo de obesidad y todas las afecciones vinculadas a esta enfermedad.
Por otra parte, se destacan cambios en el humor y disminución del rendimiento intelectual por el sueño desordenado.
Existe una diferencia entre la compulsión y el insomnio. Este último, hace que la gente por presentar dificultades para conciliar el sueño, camine a la heladera y coma algo. La situación marca que el trastorno principal obedece a la ausencia de sueño por lo que el desorden alimentario es secundario.
1. No sentir apetito durante la mañana y no comer nada -o hacerlo en muy pocas cantidades- hasta la hora del almuerzo o más tarde.
2. Sobrealimentarse por la tarde. En el atardecer aumenta la sensación de apetito y la ingesta de alimentos.
3. Sentir la necesidad de comer algo antes de acostarse.
4. Levantarse al menos una vez durante la noche para comer, como si fuera indispensable para volverse a dormir.
5. Depresión y estrés. Los desarreglos en el sueño y en la alimentación son señales de sentirse depresivo y estresado, lo que conduce a la persona a ser un “comedor” nocturno.
Conviene escribir un registro de hábitos que permitan identificar las debilidades. Como ejemplo: tomar un día como muestra y anotar todas las ingestas efectuadas en esas 24 horas, tanto de día como de noche, inscribiendo los horarios, el tipo de alimentación y las porciones. En forma paralela, se debe consultar a un nutricionista.
La organización y distribución de comidas más el cuidado de la distribución de alimentos, responden a la acción que debe asumir un especialista, quien igualmente tiene que ideas para combatir la tensión y bajar la ansiedad.
En ciertas circunstancias se precisa la farmacoterapia, es decir la ayuda de un médico para combatir el peso corporal.
Situacionales: hallarse solo, aburrido, tomar alcohol; estas problemáticas producen ansiedad e incrementan, entonces, el deseo compulsivo de comer.
Psicológicas: sufrir estrés (conflictos familiares, mudanzas, separación, duelos), frustración o sentimientos negativos (baja autoestima, soledad y depresión).
Conductuales: no respetar las comidas principales del día y sentir apetito recién al atardecer. Un individuo que come sin límite en la noche incorpora más del 25 por ciento de sus calorías diarias -entre las horas nocturnas y la madrugada- justamente porque su costumbre es saltear comidas o alimentarse en forma restrictiva en las horas diurnas.
Fuente: Cristian Mazzuchelli, nutricionista argentino