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El infarto cerebral lesiona a una de cada seis personas en el mundo.
Su prevención se logra cuando el individuo permanece alejado del tabaquismo y sedentarismo; se alimenta con una dieta equilibrada y permanece bajo un control médico permanente, mientras mantiene un estilo de vida saludable.
Según la Organización Mundial del Stroke, el ataque cerebral es la segunda causa de muerte en sujetos de más de 60 años y la quinta entre quienes tienen entre 15 y 59 años, si bien también afecta a los niños.
Se ha trazado un cálculo que muestra que una de cada seis personas se encuentra expuesta a esta patología en el transcurso de la vida, de ahí la importancia de educar en su prevención, sobre todo si cerca del 60% de los enfermos sobrevive y la mitad de ellos queda con graves secuelas de discapacidad.
"El cerebro se infarta igual que lo hace el corazón y los factores de riesgo son los mismos", sostuvo la académica de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y neuróloga del Hospital Barros Luco Trudeau, doctora Tatiana Figueroa.
La especialista , en la red pública, prescribe drogas trombólicas a quienes procuran asistencia médica, en el marco de las cuatro primeras horas de producido el evento.
“El medicamento necesario disuelve los coágulos en enfermos que reúnen las características de urgencia, aún en quienes padecieron accidentes cerebrovasculares isquémicos", explicó la neuróloga.
Isquémico significa que el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente.
Este tipo de infarto no genera alarma y tampoco es doloroso como el ataque de corazón, aunque los expertos recomiendan prestar atención a los síntomas.
"Sucede pérdida súbita de fuerza en el lado derecho o izquierdo del cuerpo más trastornos del habla y lenguaje, ausencia de sensibilidad en alguna extremidad, problemas en el campo visual y falta de equilibrio en el movimiento”, agregó la experta.
De acuerdo a las estadísticas, únicamente el 4% de los enfermos recurre a una consulta dentro de las cuatro horas y media “de ventana terapéutica”, una situación de los países en desarrollo que no difiere pronunciadamente en las naciones desarrolladas que apenas duplican el porcentaje.
"Después de ese lapso de cuatro horas, ya no es factible aplicar el trombolítico porque resulta innecesario e, incluso, peligroso, dado que podría suscitar un derrame.
Por el contrario, cuando se aplica a tiempo, el 20% de los pacientes que lo reciben viven sin secuelas y el 50% con algunas de grado menor", concluyó.