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En el mundo al menos 23 millones de personas se ven afectadas por hepatitis B y C (VHB y VHC), y una quinta parte de ellas corre el riesgo de padecer cirrosis o cáncer de hígado.
La hepatitis es más contagiosa que el VIH, se infravalora su impacto y los recursos destinados para su tratamiento, a nivel mundial, son mucho más bajos que los que se aplican a otras afecciones.
Ante la amenaza que significa el avance de la enfermedad sin contrarrestarla apropiadamente, los principales médicos y científicos del mundo se reunieron en una conferencia en Bruselas para reclamar mayor intervención de las naciones y alertarlas sobre las consecuencias de la hepatitis en la salud pública.
La hepatitis vírica no está recibiendo ni siquiera una prevención adecuada. Se suman escasas divulgaciones sobre informaciones públicas como la falta de protocolos para su diagnóstico precoz, a pesar de que existen en la comunidad médica conocimientos y herramientas para enfrentarla.
“Es nuestra misión aunar los conocimientos científicos para encontrar soluciones y combatir estas enfermedades devastadoras”, destacó Massimo Colombo, de la Universidad de Milán.
Hepatitis B: es una enfermedad grave causada por un virus que se transmite por la sangre, o por vía sexual, desde un enfermo con hepatitis activa o de un portador sano del virus. Llega a provocar una infección aguda o crónica y así persiste en la sangre, generando cirrosis (cicatrización del hígado), cáncer en este órgano, insuficiencia hepática y la muerte. Existe una vacuna para prevenirla.
Hepatitis C: es una enfermedad del hígado ocasionada por el virus de hepatitis C, localizada en quienes ya portan la afección.
Es transmitida, con características de infección, mediante el contacto con la sangre de un individuo ya infectado (en proceso de actividad o portador del virus) y, asimismo, es motivo de hepatitis de orden crónico, cirrosis, cáncer de hígado, insuficiencia hepática y muerte.
Ante estos antecedentes, la directora de la División de Enfermedades No-Trasmisibles de OMS-Europa, Negret Emiroglu, mencionó algunas acciones futuras que deberían adoptarse, entre ellas, “aumentar el compromiso político para la prevención y el control de la hepatitis vírica, facilitar una amplia red de partners a nivel mundial, nacional y regional, desarrollar una visión compartida de la salud, fortalecer los sistemas nacionales de sanidad, promover la investigación para la prevención y el control de la hepatitis vírica, así como facilitar el intercambio de experiencias y mejores prácticas.”
En línea con las declaraciones incluidas en los párrafos anteriores, la Asociación Europea de Pacientes del Hígado, Nadie Piorkowsky, indicó “es preciso detener el avance de la hepatitis B y C, más todavía si pensamos que es causa de cirrosis y cáncer de hígado.”
El hígado es el órgano más grande dentro del cuerpo. Filtra las sustancias perjudiciales de la sangre, digiere las grasas de los alimentos y almacena el azúcar que el organismo necesita para obtener energía.
El cáncer hepático primario comienza en el hígado. La metástasis se inicia en otro sitio corporal y se disemina al hígado.
Los factores de riesgo para este cáncer primario, incluyen:
Se conforma una masa, o dolor, en el lado derecho del abdomen y se observa una coloración amarillenta de la piel.
No obstante, la persona es posible que no tenga síntomas y el cáncer se revela recién cuando ya se halla avanzado.
Las opciones abarcan cirugía, radiación, quimioterapia o trasplante de hígado.
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Es el producto final de muchas enfermedades hepáticas crónicas que conducen a la pérdida de la arquitectura normal del hígado, junto a una disminución progresiva de sus funciones.
Cualquier daño que ocasiona una inflamación crónica del hígado, en el curso de los años, puede desencadenar una cirrosis.
Las células del hígado mueren y se reemplazan por tejido deteriorado, nunca por nuevas células.
La cirrosis crece despacio, con células del hígado que mueren sin reemplazo, hasta que el órgano se queda sin células que efectúen normalmente su trabajo habitual.
Suelen transcurrir años antes de que el paciente se entere que padece cirrosis, lo cual es irreparable, si bien los síntomas se logran disminuir y controlar.
Sufrimientos de cirrosis incipiente
Cirrosis terminal