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La periodista Natalia Muñiz, especializada en adultos mayores que publica semanalmente en el Diario Popular de la Argentina notas relativas a la tercera edad, días atrás hizo hincapié en los requerimientos de una óptima alimentación e hidratación en los ancianos, cuya práctica hay que cumplir en todas las estaciones del año.
Precisó que esta franja de edad debe disponer de un termómetro siempre visible en su casa y adoptar la costumbre de lavarse las manos frecuentemente.
En países bajo temporada invernal, es fundamental la vacunación antigripal para evitar contagios de enfermedades respiratorias; en tanto, corresponde que los ancianos salgan a la calle únicamente bien abrigados, sobre todo cubiertas la cabeza y las orejas.
Junto con una buena alimentación, la gente mayor necesita beber agua en abundancia.Hay que insistir en ello, dado que a medida que aumenta la edad se siente menos sed.
El hábitat es preciso que conserve una temperatura adecuada a la estación de su país, según el calor o el frío predominante. Toda temperatura extrema es perjudicial, lo mismo que la permanencia del anciano en sitios totalmente cerrados.
Los especialistas recomiendan el desarrollo de actividad física, con un ritmo acorde a las posibilidades de cada persona.
El geriatra argentino Moisés Schapira indicó que el envejecimiento genera “ciertas modificaciones del metabolismo basal, con cambios en la termorregulación y la percepción de la temperatura”.
Añadió que se ha constado que las personas mayores padecen “un déficit de adaptación a la temperatura extrema: toleran mal el calor, pero más aún el frío, en razón de que las reacciones vasomotoras metabólicas son poco eficientes”.
El citado geriatra resaltó que el proceso normal del envejecimiento provoca un adelgazamiento de la piel, desnaturalizando los receptores cutáneos de la temperatura; así, “el adulto mayor padece dificultad para percibir certeramente el frío o el calor”, según subraya el artículo.
Schapira, director médico del Centro para Adultos Mayores “Hirsh” de San Mguel, localidad argentina, argumentó que las bajas temperaturas producen la pérdida de calor y, consecuentemente, el anciano contrae los vasos sanguíneos cutáneos para conservar la temperatura corporal”.
Este experto, remarcó: “la vasoconstricción determina que el corazón deba bombear la sangre a través de los vasos contraídos, por lo que se observa un aumento de la presión arterial y, por ende, un riesgo mayor de infarto agudo de miocardio”.
El cuadro se da especialmente “ a medida que la temperatura disminuye porque aumentan las enfermedades”, añadió.
La gente con mucha edad ya no dispone de la capacidad para enfrentar cambios bruscos de temperatura, por lo que hay que vigilar constantemente la temperatura de su hogar.
La sensación de frío y el crecimiento de la presión arterial, son situaciones de alta susceptibilidad en la gente mayor, con menos capacidad para afrontar los cambios, por lo que se aconseja la vigilancia extrema de los hipertensos.
La artrosis se agrava con bajas temperaturas. En esta circunstancia, la recomendación consiste en que los adultos mayores se protejan de cambios rápidos de temperatura y tomen baños con agua caliente para disminuir la rigidez, lo cual reemplaza esfuerzos físicos.
El frío, el viento y la humedad resecan la piel; se acentúan los eccemas y las grietas en la cara y las manos. Entonces, los consejos son: uso de guantes, de cremas hidratantes e ingesta de mucho líquido.
Es común que se den alergias causadas por cipreses. En esta circunstancia se debe “evitar el contacto con el árbol y consultar al médico sin demora”.
Una nevada o lluvia, requiere de un calzado con suela antideslizante, de modo de soslayar caídas y potenciales fracturas.
Por otra parte, ya a título personal, siendo yo una simple reseñadora de la información suministrada por el mencionado diario, agrego que es importantísimo el uso en el hogar de pisos antideslizantes: los adultos mayores caminan con mayor seguridad y no incurren, entonces, en caídas y lesiones óseas.
En otro aspecto, el artículo de Muñiz, señala que las bajas temperaturas impulsan a los adultos mayores a encerrarse y aislarse, con una proclividad pronunciada a la depresión.
Los cuidadores de ellos, deben centrar su atención en lo siguiente: cuadros de fatiga creciente, desánimo, irritabilidad o somnolencia excesiva y estado depresivo: todo esto, es motivo relevante para consultar al médico de inmediato.
Es imprescindible una buena alimentación porque es la principal fuente de energía.
Exigirles a los mayores que beban 2 litros al día de agua, aunque la sensación de sed sea menor. No ofrecerles alcohol.
Conservar una temperatura en el hogar de 18 a 21 grados. Adoptar mucho cuidado con los niveles de monóxido de carbono. Ventilar las habitaciones.
El anciano tiene que cubrir su boca al toser y/o estornudar. Debe soslayar cualquier visita a enfermos gripales o con neumonía, tirar los pañuelos descartables y asearse de continuo las manos.
Los virus son las principales causas de infecciones respiratorias; es contraproducente la toma de antibióticos sin previa prescripción médica.