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La depresión es una de las patologías más perjudiciales porque en forma paulatina y silenciosa acaba apropiándose de la persona.
Entonces, se pierde la voluntad de diversión, no se disfruta de lo que antes causaba deleite y se extravía el sentido de la vida, al punto de que el paciente no halla solución factible.
Es como si se viviera en un pozo profundo y no es sencillo salir de él. Por ello, hay que mantenerse alerta y atacar la enfermedad tan pronto aparece.
Hay actitudes que permiten salir de este estado, a más de la terapia con el profesional pertinente y/o el consumo de fármacos, según las características que presenta el cuadro.
La depresión lleva a movimientos lentos, a hablar lentamente y a vivir en cámara lenta. Así, el cerebro refuerza el estado depresivo.
El ejercicio físico tonifica y energiza, ayuda a eliminar el estancamiento y la inmovilidad.
Lo importante es ejercitarse, aunque sea poco; lo esencial es esforzarse más que el resultado de la cantidad de actividades que se logren realizar.
El enfermo tiende a aislar, a no conversar con nadie ni de nada; la soledad es muy mala compañera.
Aunque cueste una enormidad, hay que obligarse a dar un paseo, a encontrar al amigo que no se ha visto durante meses y a conocer nuevas personas. Este comportamiento mejora notablemente el ánimo.
No hay que hablar continuamente de los temas que provocaron la depresión, por más que se constituyan en el principal motivo de preocupación.
Comunicar lo que se siente es positivo, pero no existe modo de superar la condición, si el paciente transcurre su día refiriéndose a asuntos tensionantes y deprimentes.
Es preciso trazar límites en la conversación e intentar la inclusión de temáticas que sean atractivas, impulsoras de motivos vitales y alegres.
En principio, el enfermo quizá no perciba el efecto favorable; no obstante, poco a poco, sonreirá y dejará de lado en una charla las preocupaciones.
El encierro en la propia casa solamente torna proclive al paciente a adquirir un humor negativo. Es imprescindible tomar sol: los rayos ultravioletas aumentan la producción de la serotonina, un neurotransmisor asociado con la sensación de bienestar que, finalmente, contrarresta los perjuicios de la depresión.
Nada mejor que practicar un hobby; es una excelente medicina optar por algo que apasiona para combatir esta afección.
Es fundamental mantener la mente activa, pensar y planificar tareas agradables.
Hay que disfrutar la música. Sus consecuencias terapéuticas son muy conocidas y es una de las terapias preferenciales para manejar la depresión y la ansiedad.
Se puede y se debe luchar conscientemente contra la depresión. Es un deber y una elección de vida optar por cuanto hace bien y que, además, puede contribuir a la felicidad, que tampoco es un imposible.
Fuente: Organización Mundial de la Salud