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Ocho de cada diez personas sufre de dolor lumbar -alguna vez en su vida- en el área de las cinco vértebras inferiores. La afección se da tanto en hombres como en mujeres y lo más común es que suceda entre los 30 y los 50 años de edad, debido al proceso natural de envejecimiento y, sobre todo, por el sedentarismo.
Pero conforme lo indica una nueva investigación, el dolor lumbar crónico lesiona mucho más que a la espalda: produce alteraciones en zonas del cerebro asociadas a la ansiedad y a la depresión. Sin embargo, este proceso cerebral logra sanarse.
Si el dolor continua por más de tres meses se califica como crónico. La lumbalgia crónica, en el mundo, es el motivo más frecuente de discapacidad laboral y ahora se asocia con anormalidad en la anatomía y funcionalidad del cerebro.
Esta patología es la segunda causa de ausentismo mundial en el trabajo, representa el 60% de las consultas por dolor de espalda. Tan solo en España y en Estados Unidos se invierten por lo menos para su atención US$ 50 mil millones. En otros países, como Uruguay, los trabajadores se caracterizan por padecer en gran medida tanto lumbalgia como tendinitis.
Laura S. Stone, del Centro para la Investigación del Dolor McGill`s Alan Edwards, estudió el cerebro de pacientes que adolecían de lumbalgia por más de seis meses y que estaban prontos a iniciar un tratamiento con inyecciones o con cirugía.
Se practicó una resonancia magnética del cerebro, previo al comienzo de la terapia y medio año después de finalizarla. El examen permitió medir el espesor de la corteza cerebral -que estaba disminuido- y la actividad cerebral anormal con una prueba simple.
El objetivo fue observar el tiempo de reacción, saber si el dolor había decrecido, si la vida cotidiana había mejorado y el cerebro demostraba un cambio favorable respecto a la depresión y a la ansiedad.
"En los exámenes posteriores a los tratamientos previstos para cada persona, el equipo investigativo registró en los participantes un aumento del grosor cortical en las áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento del dolor y con los componentes emocionales del mismo.
Las conclusiones son “una muy buena noticia”, declaró Stone al mencionar específicamente a los pacientes con dolor crónico. “el daño en sus cerebros puede ser sanado”.
Por lo tanto, restan muchas menos probabilidades de que se produzca un deterioro permanente de la cognición, de acuerdo a los conceptos vertidos por la especialista en su informe publicado en Journal of Neuroscience.
Por último, afirmó: “Se sabe que hay una fuerte relación entre el dolor, la ansiedad y la depresión. Por ejemplo, las personas con más ansiedad cerca de la cirugía tienen más probabilidades de desarrollar dolor posquirúrgico, y los pacientes con dolor son más propensos a estar deprimidos"
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Las etapas próximas de estudio se centrarán en averiguar las causas de los cambios corticales a nivel celular; evaluar terapias para el dolor crónico como la meditación; y reconocer si es la recuperación del espesor cortical la que ayuda a mejorar la ansiedad y la depresión.
Desde arriba hacia abajo, la columna tiene cuatro regiones: las siete vértebras cervicales o del cuello (denominadas C1-C7), las 12 vértebras torácicas o superiores (denominadas T1-T12), las cinco vértebras lumbares (denominadas L1-L5), que conocemos como columna lumbar, y el sacro y el cóccix, un grupo de huesos fusionados en la base de la columna.
Alguna vez en su vida el 80% de la población siente dolor en la zona lumbar; generalmente dura entre días y semanas. Los especialistas lo consideran crónico cuando el dolor persiste durante más de 3 meses. A menudo puede ser difícil saber su causa.
Para que se califique como crónico debe perdura de 90 días en adelante.