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Ningún metal debe ubicarse en el microondas. Si bien los metales gruesos soportan las ondas electromagnéticas, los finos, como las puntas de un tenedor, pueden desencadenar un incendio porque se calientan muy rápido.
Un huevo crudo dentro del aparato, al calentarse, produce presión sobre el espacio que separa la clara y la yema, ocasionando una explosión.
Jamás hay que poner papel de aluminio. Si el objetivo es cubrir un recipiente para evitar salpicaduras, basta con el uso de papel absorbente.
Si se pretende a través del microondas deshidratar pimientos, hay que saber que al calentarse despiden una suerte de gas, capsaicina, que siendo una sustancia volátil impregna el ambiente y, como consecuencia, irrita los ojos y la garganta.
Introducidas en el aparato sacan chispas. Hay que tener en cuenta que muchos dibujos poseen metal, lo que es contraproducente.
Jamás hay que disecar uvas: explotan y pueden prender fuego.
Ambas se pueden cocinar con previas perforaciones en las cáscaras. De lo contrario, explotan.
Es posible que se caliente por encima de la temperatura de ebullición y, al introducir cualquier objeto, como una cuchara o un saquito de té, salpica y quema las manos.
Esta hortaliza reúne dosis de hierro, magnesio y selenio. Si se las calienta crudas, los minerales actúan como piezas de metal y en pocos segundos desatan un montón de chispas.
El alcohol es una sustancia inflamable: un vaso de vodka vuela la puerta del microondas.
Fuente:Pozar, David M. Microwave Engineering Addison-Wesley Publishing Company. ISBN 0-201-50418-9.