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La celebración de cualquier acontecimiento con la compañía invariable de una copa al lado, ya es motivo de preocupación porque puede constituirse en un problema.
Por otra parte, gente vulnerable por distintas circunstancias adversas de la vida, también puede tender a buscar un alivio (siempre momentáneo y con consecuencias muy adversas para su salud física y mental) en el alcohol, bebiendo con otras personas o a solas, lo que tampoco deja de plantear la existencia de un inconveniente que merece encararse cuanto antes.
El alcohol hace reír y llorar. Afecta el sistema nervioso central, actúa sobre el cerebro, provoca inicialmente alegría y euforia y luego el bebedor atraviesa por una etapa de somnolencia y depresión, sostuvo el doctor Manuel Torres, director del Centro de Información, Control Toxicológico y Apoyo a la Gestión Ambiental (Cicotox) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú.
Son muy interesantes los aportes de este especialista expuestos en el diario El Comercio de su país, al alertar que la mayoría de consumidores no se contenta con un trago.
Hay quienes usualmente mezclan diferentes tipos de bebidas alcohólicas y terminan con “una resaca muy intensa”. Cuando la ingesta de alcohol genera violencia, accidentes y ausentismo laboral, “estamos hablando de una situación de abuso de la sustancia. El siguiente peldaño es la dependencia o adicción”, remarcó Torres.
No falta quien culpa a la flexibilidad de los mensajes publicitarios. En este sentido, el doctor Fabián Fiestas, investigador del Instituto Nacional de salud peruano que concretó una evaluación mundial, fue explícito sobre los daños que el organismo experimenta por la utilización desmedida de alcohol, mientras que adelantó que “en el mundo el abuso de esta sustancia creció en los últimos cinco años”.
El especialista explicó que mundialmente se observa un porcentaje de los varones del 40% -en promedio- que acuden a salas de emergencias por “uso problemático del alcohol”.
Argumentó que las salas “podrían ser estratégicas para identificar y brindar ayuda a estas personas que por ahora pasan desapercibidas, hasta que caen definitivamente en una dependencia alcohólica”.
Fiestas dijo que “el consumo de alcohol va en aumento entre las mujeres” y que ellas con esta adicción “tienen dos veces más riesgo de desarrollar cáncer de mama”.
Destacó que no existe ningún medicamento que permita “durar al alcohólico sin que se perjudique su hígado”. Tomó en cuenta para ello las expresiones de . Aldo Álvarez, químico farmacéutico de la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid), quien aseguró que no hay sustancia o fármaco que proteja al hígado del alcohol.
El abuso de las bebidas alcohólicas aumenta los triglicéridos en la sangre y con ellos se acrecienta el peligro de contraer problemas cardíacos e hígado graso, refirió el endocrinólogo Jesús Rocca de la clínica Ricardo Palma.
Pero el alcohol, reveló que ocasiona “60 enfermedades”.
El whisky, al absorberse lentamente en el estómago, no deja resaca. La alta concentración de alcohol cierra la válvula de conexión con el duodeno.
Uno de los síntomas de la resaca es el vómito, un reflejo del organismo para eliminar el exceso de alcohol. “Si lo suprimimos con medicamentos, impedimos que el cuerpo se recupere”, afirmó Rocca.
Un dato no por todos conocido: el ceBiche peruano repone las sales perdidas por el efecto diurético del alcohol, pero origina gastritis. El caldo de gallina, en estas circunstancias, ofrece calorías.
Las personas reaccionan de diferente manera “ante la misma cantidad y tipo de bebida alcohólica”. Intervienen varios factores; el principal es la velocidad del hígado para metabolizar la sustancia, la cual depende de condiciones genéticas individuales.
En promedio, el alcohol se absorbe en una hora, se conserva en sangre hasta 3 horas y se elimina al cabo de 12.
Si se bebe alcohol con el estómago lleno, se retarda la absorción de esta sustancia tóxica, sobre todo cuando la dieta es grasa.
Si el estómago está vacío o no se come mientras se bebe, el alcohol se ‘sube’ más rápido. El estómago capta el 20% del alcohol y el intestino delgado, el 80%.
Cuanto más kilos tiene una persona, mayor es su capacidad para distribuir el volumen de alcohol que ingiere.
Varones y mujeres pueden consumir la misma cantidad de alcohol y, sin embargo, la rapidez para embriagarse depende de la capacidad de absorción de cada individuo.
Los porcentajes de alcohol son distintos. En cervezas, es de 4% a 10%; en vinos del 10% al 18%; en los aperitivos y licores suaves del 20% al 25% y en licores fuertes, del 35% al 45%.
En 100 miligramos de whisky hay 40 gramos de etanol. La forma de beber (sorbos, tragos o a vaso lleno), origina resultados diferentes en la toxicidad, concluyó Alvarez, tras ocuparse de una investigación en torno al alcoholismo que sacó conclusiones relacionando a su país con el mundo.