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En esta semana, Suiza aborda la prevención del alcoholismo a través de una vasta campaña nacional, a partir de las siguientes realidades: el problema afecta a gran parte de la población y los costos sociales por abuso suman para el país 6.700 millones de francos al año.
“No existe un ‘alcohólico’ típico”, declaró Jann Schumacher, uno de los responsables de la semana de diálogo sobre esta enfermedad y vicedirector de Ingrado, fundación especializada en consejo y cura para los dependientes del alcohol y otras sustancias.
“Quien tiene dificultades de varios géneros. es más fácil que comience a beber y a continuar con ese consumo porque encuentra alivio ante su estado de ánimo. No obstante, el alcohol no provoca alivio, sino reacciones diversas, dependiendo de la situación”, remarcó en el transcurso del encuentro el psicólogo.
Schumacher en su exposición, puntualizó que “es preciso poner el acento en el diálogo”, al tiempo que observó que en la dimensión del fenómeno, se dan “aspectos y situaciones legales relacionadas con la ingesta de alcohol que aún son tabú”.
El objetivo no es sancionar o prohibir la toma de bebidas alcohólicas, sino “explicar cómo moderar el consumo y que cada afectado asuma su responsabilidad al caer en esta adicción”.
“Aquellos que trabajamos en el campo de la prevención de dependencias, sabemos que vivimos en una sociedad en la que la mayoría de la población toma alcohol”, agregó.
“El fin de esta campaña dista de ser fundamentalista para alcanzar un consumo cero de alcohol, pero sí se basa en una ingesta que no perjudique al bebedor ni a terceros”, especificó el vicedirector de Ingrato, en el lanzamiento de la campaña.
“El alcohol, señaló el experto, “forma parte de nuestra cultura, en celebraciones, o en casa”.
Una encuesta suiza de 2007 mostró que el 14% de la población de más de 15 años toma bebidas alcohólicas una o más veces al día; otro 10%, una vez a la semana; 33%, de una a dos veces por semana; 26%, menos de una vez a la semana; y el 17% es abstemio.
Suiza reúne del 4 o 5% de su población con dependencia alcohólica.
El 20 a 30 por ciento de la población sueca, toma alcohol excesivamente o de manera inadecuada (antes de manejar un automóvil, en embarazo, o en el desempeño de trabajos que prohíben la ingesta alcohólica), subrayó Jann Schumacher.
La cronicidad alcohólica produce riesgos especialmente importantes con el paso de los años.
En tanto, el exceso diario en edades de 25 a 34 años, origina exposición a incidentes, violencia y relaciones sexuales sin protección.
“Si antes bebían al final de la tarde, ahora ya predominan los chicos que ya están ebrios al inicio de la tarde”, añadió Schumacher.
La edad de iniciación de consumo de alcohol disminuyó. Las jóvenes beben más y entre los chicos es habitual la tendencia de beber hasta embriagarse.
“Se trata de un fenómeno especialmente preocupante por los riesgos inmediatos que comportan estos abusos, además de que si para un adulto es difícil reconocer que tiene un problema con el alcohol, para un joven es aún más difícil”, afirmó Schumacher.
La gente joven cree, equivocadamente, que es fácil terminar con un consumo excesivo con tan sólo decidirlo. Además, no toma conciencia de los desórdenes de salud que surgen.
La campaña habla abiertamente de los riesgos y de las medidas a adoptar para impedir el consumo incontrolado del alcohol.
Advierte: “si alguien quiere ayudar realmente a otro a resolver su problema de alcohol, debe contactar a personas que dispongan de la capacidad de actuar de forma apropiada, un especialista, “para evitar permanecer en una espiral de sufrimiento”. Este es el centro de la campaña.