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El hecho de contar con un familiar cercano que padezca de fibrilación atrial predispone a cualquier persona a generar esta condición en una cifra que alcanza el 40%, en comparación de quienes carecen de parientes con la afección.
Es una forma de arritmia, un desorden en el ritmo cardiaco que produce latidos irregulares y rápidos, que más bien agitan. En este caso, las cámaras superiores (auricular) del corazón se contraen rápidamente y de manera desorganizada ocasionando acumulación sanguínea.
La herencia tiene mayor repercusión en gente con familiares que desarrollaron dicho perjuicio a edad joven y antes de los 65 años.
El riesgo fue tres veces mayor, reveló la doctora Emelia Benjamin, de la Escuela de Medicina de la Boston University, profesional que condujo un estudio publicado sobre la problemática en Journal of the American Medical Association y adelantado en Internet para coincidir con el encuentro de la Asociación Estadounidense del Corazón.
Benjamín, además, especificó: "Cuando las personas son más jóvenes y contraen la enfermedad, muchas veces no tienen otros factores de riesgo.”
El hallazgo de la vinculación de orden familiar se considera importante, dado que se podrían predecir futuros pacientes con fibrilación atrial (FA) y adoptar medidas preventivas, en razón de que “esta arritmia crea mayor peligro de contraer un accidente cerebrovascular (ACV)”, indicó el doctor Steven Lubitz, del Hospital General de Massachusetts durante el encuentro de especialistas estadounidenses.
La investigación aportó un nuevo dato esencial: aunque se sabía que la FA puede ser hereditaria, hasta ahora se ignoraba cuánto llega a afectar y reproducirse por herencia.
El riesgo de un ACV –que radica en la formación de coágulos que se mueven hacia el cerebro- es causado en un 15% por fibrilación atrial.
El estudio tomó en cuenta a más de 4.000 personas y partió de la hipótesis de que antecedentes familiares de FA serían vaticinadores de riesgo.
Cuando se inició la evaluación, los participantes no tenían FA pero al menos contaban con un pariente que sí la padecía.
Pese a posibles vulnerabilidades por otros factores de riesgo, el equipo encontró que la FA ocurrió con casi un 40 por ciento más de frecuencia entre las personas que disponían de un familiar con la condición que entre aquellas sin parientes con fibrilación atrial.
"Creo que este avance muestra que saber la historia familiar es útil para considerar el posible riesgo de cada individuo”, admitió.