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Las chicas que comparten los videojuegos, ya sea con su madre o su padre, logran un mejor comportamiento y salud mental, a la vez que consolidan una comunicación favorable con su entorno familiar.
“Cualquier actividad que implique pasar tiempo con los hijos puede ser muy positiva, especialmente si es algo en lo que los chicos están interesados”, afirmó Laura Padilla-Walker de la Universidad de Brigham Young (Estados Unidos), quien concretó junto a un equipo una investigación al respecto.
El estudio advirtió en su publicación en la revista Journal of Adolescent Health, que “los videojuegos siempre deben ser apropiados para la edad de cada menor”.
Fueron evaluadas 287 familias con hijos de ambos sexos; se analizó el grado de disfrute de estos últimos al llevar a cabo, usualmente, diversos videojuegos en conjunto con sus progenitores.
Según Sarah Coyne, la autora principal, en los varones no se observó que el tiempo en compañía con alguno de de sus padres, no incidió en su comportamiento, grado de agresión, salud mental y conexión familiar.
En cambio, el hecho de jugar con los padres, marcó una diferencia notable en las nenas.
Se vieron ampliamente favorecidos los vínculos familiares, estado anímico y salud mental.
El resultado ha sido muy sorpresivo porque si bien las hijas mujeres pueden pasar la misma cantidad de tiempo que los hijos varones realizando una actividad con alguno de sus padres, no tienen la costumbre de abocarse a videojuegos tanto como los varones.
Padilla-Walker aportó la explicación siguiente: los beneficios serían mayores en las niñas al practicar videojuegos con su papá, dado que muchas mamás no tienden a realizar este tipo de actividad.
Lo cierto, no obstante, es que todo juego contribuye a favor de los hijos, cualquiera sea su sexo, en tanto exista “un mayor compromiso por parte de los padres”.
Los investigadores encontraron una diferencia: “los varones pasan mucho más tiempo jugando con amigos”, razón por la cual en el sexo masculino no llama mucho la atención jugar con los progenitores”.