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La reciente validación de la escala SNAP, que acaba de publicar la Revista Panamericana de Salud Pública, es una herramienta que facilita la recolección de datos sobre el desenvolvimiento diario del niño hiperactivo, permitiendo que se lleve adelante un tratamiento específico para cada uno de los enfermos.
La escala SNAP consiste en una suma de cuestionarios autorizados internacionalmente para adoptar conforme a la idiosincrasia de la población hiperactiva.
Obtiene de modo efectivo la opinión de los padres y de los docentes, cercanos diariamente al chico enfermo de hiperactividad, facilitando el trazado de tratamientos individuales de acuerdo a reacciones ante situaciones concretas.
El trastorno por déficit de atención –en inglés ADHD por las siglas de Attention Deficit Hyperactivity Disorder– surge a partir de la infancia y, contrariamente a lo que muchos creen, “no se manifiesta solo en la escuela, sino que también afecta a los niños en situaciones de la vida cotidiana, social y familiar”,argumentó la Dra. Nora Grañana, especialista en neuropsicología infantil del Hospital Universitario Austral de la Argentina.
Todavía hay mucho desconocimiento en cuanto al diagnóstico, aunque se reconoce en los chicos la dificultad de concentración y atención.
“También hay muchos prejuicios en torno al tratamiento. Ambos parámetros dificultan la posibilidad de llegar a una gran cantidad de niños que podrían beneficiarse si contaran con atención neurológica temprana y apropiada”, dijo la profesional.
En la provincia argentina de Buenos Aires se aplicó la escala en 1.230 escolares.
El cuestionario contribuyó para valorar cómo el niño prestaba atención en el aula y cómo era su conducta en el ámbito grupal y familiar.
Además, “la escala SNAP demostró que el diagnóstico del trastorno es un proceso más complejo que abarca la consulta médica, estudios y las evaluaciones neuropsicológicas”, agregó Grañana.
En el abordaje del problema, se dispone de “múltiples alternativas terapéuticas que mejoran la concentración, la capacidad académica y la inclusión social de los niños con dificultades conductuales, como consecuencia de su hiperactividad e impulsividad”.
La intervención se hace con enfoques combinados: psicoterapia psicoeducativa y psicopedagogía, haciendo hincapié en aportar instrucciones a los padres para colaborar activamente en el tratamiento.
Si todo esto no es suficiente, entonces, se añade una medicación que favorezca la concentración o atención, según Grañana.
Junto con la incapacidad de concentración, esta patología genera que a los chicos les cueste organizarse, vestirse, jugar o quedarse sentados mientras comen. De hecho, debido a la “movilidad” excesiva que experimentan, el déficit de atención se combina con la hiperactividad.
“Asimismo, por ejemplo, los niños que tienen ADHD tampoco suelen divertirse con los juegos aptos para su edad, o pierden cosas. Con todo esto podemos decir que la calidad de vida se altera”, comentó la neuróloga en relación con este síndrome que se presenta cuando el desarrollo neurológico evidencia un cierto déficit y, por ende, impide que se mantengan activas determinadas zonas del cerebro que son, justamente, las que deben trabajar para que el niño se comporte acorde a su edad.
“La base de esta patología es neurológico-genética. Suele observarse con más frecuencia en menores con madres que fumaron durante el embarazo, en prematuros o en aquellos que cuentan con antecedentes neurológicos que alteraron el desarrollo del cerebro a edad temprana”, enumeró Grañana.
Los primeros signos pueden advertirse desde el jardín o la etapa preescolar, si bien en algunos casos se nota la desatención recién en la escuela primaria, cuando el chico falla al completar las tareas, pierde los útiles, deja hojas del cuaderno en blanco, o no responde a directivas porque no presta atención.
Fuente: Dra. Nora Grañana: ngranana@cas.austral.edu.ar