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Los antibióticos orales, líquidos de descanso y cuidados en el hogar son suficientes para superar ciertos casos de neumonía, sin necesidad de internación.
Pero, cuando los pacientes presentan dificultad para respirar, sobre todo los de edad avanzada, se hace imprescindible la hospitalización, dado que a menudo surgen complicaciones que son imposibles de resolver en casa.
Los antibióticos se aplican para el tratamiento de la neumonía bacteriana, los que dejan de ser útiles generalmente para la neumonía de origen viral, si bien en ciertas ocasiones estos fármacos logran la mejoría o prevención de infecciones bacterianas ocurridas en pulmones dañados por virus.
La elección del antibiótico depende de las características de la neumonía; para ello, se evalúan los microorganismos más comunes que la provocan, la zona geográfica donde aparece, el estado inmunológico y la salud subyacente de cada paciente.
El tratamiento ideal debe basarse en el microorganismo causal y su sensibilidad a los antibióticos conocidos.
Sin embargo, solamente en el 50% de las personas, incluso después de un profundo análisis, se identifica el motivo específico de esta enfermedad.
Cualquier neumonía grave debe recibir tratamiento, sin demoras, aún antes de que se dispongan de los informes de laboratorio.
Amoxicilina y claritromicina, o eritromicina son los antibióticos seleccionados para la mayoría de los enfermos por neumonía adquirida en la comunidad.
A los alérgicos a las penicilinas se les da la eritromicina en reemplazo de la amoxicilina.
Las formas «atípicas» de la neumonía adquirida en la comunidad son cada vez más frecuentes; los macrólidos azitromicina y claritromicina, fluoroquinolonas, y doxiciclina desplazaron a la amoxicilina como tratamiento ambulatorio de primera línea.
La extensión del tratamiento suele ser de siete a diez días; no hay evidencias de que tres días resulten suficientes.
Los antibióticos, ante la enfermedad contraída durante una hospitalización, son: cefalosporinas de tercera y cuarta generación, carbapenemes, fluoroquinolonas, aminoglucósidos y vancomicina; en su mayoría administrados por vía intravenosa.
Además, múltiples antibióticos pueden ser prescriptos en combinación, en un intento de atacar a todos de los microorganismos causales posibles, según las diferencias regionales en los microorganismos más probables y la capacidad de estos últimos a resistir diversos tratamientos.
Quienes ven dificultada su capacidad respiratoria es muy factible que requieran oxígeno extra, mientras que a los extremadamente enfermos a menudo se les realiza una intubación endotraqueal y ventilación artificial.
La neumonía viral surgida por la influenza A se trata con amantadina o rimantadina. Para la viral originada por la gripe A o B se usa oseltamivir o zanamivir.
Estos tratamientos son útiles si se llevan a cabo dentro de las 48 horas del inicio de los síntomas.
Muchas cepas de H5N1 de la gripe A, también conocida como influenza aviar o "gripe aviar", han mostrado resistencia a la amantadina y la rimantadina.
No se conoce aún un tratamiento eficaz para las neumonías virales causadas por el coronavirus del SRAS, adenovirus, el hantavirus, o el virus parainfluenza.
No hay comprobaciones que apoyen el uso de antibióticos en la neumonía química sin infección bacteriana.
Si la infección está presente en la neumonía por aspiración, la elección del antibiótico depende de varios factores, como el organismo causante, al igual que si se sospecha de neumonía adquirida en la comunidad o desarrollada en un entorno hospitalario.
Las opciones comunes incluyen clindamicina, una combinación de un beta-lactámico y metronidazol, o un aminoglucósido.
Los corticosteroides se usan comúnmente en la neumonía por aspiración, pero no se constatado que sean de plena efectividad.
La neumonía viral puede durar más tiempo, y la neumonía por micoplasma puede tomar de cuatro a seis semanas para resolverse por completo.
En los casos en que la neumonía progresa a envenenamiento de la sangre (bacteriemia), algo más del 20% de los afectados mueren.
Las tasas de mortalidad o morbilidad también dependen de la causa subyacente de la neumonía.
La neumonía causada por Mycoplasma'', por ejemplo, se asocia con una baja mortalidad. No obstante, aproximadamente la mitad de las personas que desarrollan Staphylococcus aureus resistente a meticilina''''(MRSA), se exponen a morir.
En las regiones del mundo sin los sistemas avanzados de atención de la salud, la neumonía es aún más letal. El acceso limitado a las clínicas y hospitales y a los rayos X, las pocas opciones de antibióticos, y la incapacidad para tratar las condiciones subyacentes, inevitablemente, conducen a mayores tasas de muerte por neumonía. Sobre todo los fallecimientos ocurren en menores por la enfermedad neumocócica.
Fuentes,Higgins K, Singer M, Valappil T, Nambiar S, Lin D, Cox E. Overview of recent studies of community-acquired pneumonia. Clin Infect Dis. 2008;47:S150-156.
Van der Poll T, Opal SM. Pathogenesis, treatment, and prevention of pneumococcal pneumonia. Lancet. 2009