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Un nuevo estudio reveló que los veteranos de guerra con trastornos de ansiedad tendrían un alto riesgo de sufrir un infarto. Esta circunstancia, de acuerdo a las evaluaciones realizadas, se extiende y afecta al resto de la población.
Tras analizar las historias clínicas de 97.000 veteranos estadounidenses, los autores hallaron que los que tenían algún trastorno de este tipo eran más propensos a un infarto en los siguientes siete años, en lugar de quienes no atravesaban por esos problemas de salud mental.
Las conclusiones, publicadas en American Heart Journal, surgen de pruebas sobre la relación entre la salud mental y cardíaca.
Varios estudios hallaron que la depresión clínica aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca, pero pocos se habían concentrado en los trastornos de ansiedad.
Dado que muchas personas (más allá de los veteranos de guerra) padecen depresión, se desconocía si la ansiedad también se asocia con la salud cardíaca.
Los autores observaron cuáles son los trastornos proclives a un infarto, sumados a la depresión.
El estudio reveló una asociación entre la ansiedad y el infarto, pero no una relación causa y efecto con mínimas diferencias absolutas en la tasa de infarto entre los participantes con y sin trastornos.
Por ejemplo, el 5,2 por ciento de los pacientes con ansiedad generalizada sufrió un infarto durante los siete años del estudio, comparado con el 4,9 por ciento sin el desorden.
La tasa de infarto entre los participantes con otros trastornos (TEPT), pánico y trastorno obsesivo compulsivo) fue de alrededor del 5 por ciento.
Pero, al considerar otros factores de riesgo del infarto como la edad, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la diabetes y la presión y colesterol altos, las personas con trastornos de ansiedad fueron de un 25 a un 43 por ciento más propensas a sufrir un infarto que aquellas sin esos problemas.
En cuanto a por qué la ansiedad clínica estaría involucrada con el infarto, el equipo del doctor Jeffrey F. Scherrer, del Centro Médico de Asuntos Veteranos de St. Louis, lo atribuyó a los síntomas de la depresión.
Como en estudios previos, el equipo encontró que los depresivos corren más riesgo de sufrir un infarto que aquellos sin ansiedad, mientras que esta última resultó más débil a la hora de definir la afección cardiaca.
Eso, para el equipo, sugirió que la depresión sería parcialmente responsable de de los trastornos de ansiedad y el consecuente infarto.
Los expertos sospechan que la enfermedad afectaría el riesgo de infarto a través de efectos fisiológicos. La literatura publicada indica, por ejemplo, que la depresión potencia la actividad de las plaquetas, las células que promueven la coagulación sanguínea.
La depresión influiría también en el sistema inmunológico o los sistemas nerviosos simpático y parasimpático, que regulan la respuesta cardíaca al estrés cotidiano.
Además, dañaría la salud cardíaca indirectamente. Los depresivos, por ejemplo, serían menos propensas a hacer ejercicio o comer saludablemente, o a seguir tratamientos para reducir los factores de riesgo cardíaco, como la hipertensión.
FUENTE: American Heart Journal,