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Se necesitan 30 minutos diarios de caminata para incrementar la eficiencia del corazón y mejorar su capacidad contráctil como bomba impulsora de sangre.
Además, se protegen las arterias coronarias porque se reduce la frecuencia cardíaca basal y se beneficia la eficacia cardiorespiratoria.
El hábito de caminar todos los días eleva el colesterol bueno, reduce las grasas (triglicéridos) y controla la hipertensión leve y moderada (los hipertensos severos deben realizar un tratamiento y consulta médica antes de iniciar este plan de actividad física).
La caminata es el único factor estadísticamente asociado al mantenimiento de un peso ideal logrado, mientras se tonifican los músculos utilizados.
Se ha constatado que para los diabéticos tipo II (no insulino dependientes) y
en personas con alto riesgo de contraer la enfermedad, esta actividad física es inmejorable (hay que recordar que existe una fuerte vinculación entre diabetes y problemas cardiovasculares).
Cumplir una caminata ayuda al manejo del estrés y de la ansiedad; la secreción de endorfinas mejora mucho el estado de ánimo.
Lo ideal es proponerse la meta de los mil metros diarios. Primero hay que entrar en calor: caminar a buen ritmo durante 10 minutos, sin llegar a agitarse.
No hay que ser demasiado exigente con uno mismo, porque eso predispone a abandonar la actividad. Nadie nos obliga a recuperar un acondicionamiento físico en sólo quince días. Basta con la constancia y no hacer esfuerzos inadecuados.
Se podría decir que hay caminatas de emergencia. Si la rutina laboral y familiar nos invade y nos quita tiempo libre para salir a caminar, no hay que dejar pasar ninguna oportunidad para movernos, por ejemplo:
Estas recomendaciones se han extraído de “Los cuatro pilares del anti-envejecimiento”, una colección asesorada por la cardióloga y deportóloga argentina doctora Patricia Sangenis.