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Adoptándose los recaudos necesarios se superan los posibles inconvenientes.
La rubéola es una de las probabilidades de contagio en el bebé en gestación, constituyéndose en uno de los tantos miedos que aparecen durante el embarazo, principalmente si se trata del primero.
Es una infección de mediana severidad que, sin embargo, reviste un peligro para el desarrollo del feto. La vacuna contra esta enfermedad disminuyó en forma importante la incidencia.
No obstante, las embarazadas, al igual que las mujeres fértiles, deben disponer de toda y la adecuada información al respecto.
Hace falta un estudio de la rubéola, la serología, si en la búsqueda del embarazo la mujer no tiene anticuerpos por no haberse vacunado, o no haber contraído esta enfermedad anteriormente.
El análisis busca los IgM -que descubren una rubéola activa- y los IgG, que son los anticuerpos que protegen de una futura infección.
Los anticuerpos no garantizan una protección total, aunque si se adolece de una rubéola por segunda vez, los anticuerpos –pese a ser reducidos- evitan que el bebé se perjudique.
Quien desea quedar embarazada, basta con que se vacune y ya a partir del próximo mes puede iniciar la persecución.
Si una embarazada, o en el momento de de la ovulación, o recién detectado el embarazo, recibe la vacuna, el embrión no se afectará.
Si antes del cuarto mes de gestación, la mujer sufre una rubéola aguda, ésta es factible que influya en un 80% en los bebés, produciendo desde una sordera neurológica a otras patologías que ocurran al momento del nacimiento o más adelante.
La embarazada no debe contactarse con personas infectadas por la enfermedad, aún cuando ya la tuvo con anterioridad o no, o disponga o no de anticuerpos, ya que corre peligro de adquirirla una vez más.
Transcurrido el cuarto mes de embarazo, el bebé se genera normalmente. Aunque la mamá, con anticuerpos IgG positivos, se enferma de rubéola, en esta etapa su hijo no obtiene secuelas al nacer.
La virulencia de la rubéola, con anticuerpos de la madre, resulta de baja intensidad y no lesiona al bebé.
No se recomienda, pero si por equivocación la mujer se la aplica hallándose embarazada, no hay contagio para el futuro hijo.
Siempre la consulta preconcepcional es esencial para la prevención.
(Fuente: Dr Sergio Pasqualini, director Halitus Instituto Médico)