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La científica Laura Padilla-Walker, de la Universidad de Birgham (EEUU), ha llevado a cabo una investigación acerca de los efectos de la familia en los jóvenes. Sus resultados han sido publicados en la revista Journal of Family Psychology.
Entre sus conclusiones destaca que tener un hermano, independientemente del sexo, protege frente a la depresión. También defiende “el efecto favorable” que tienen “las peleas” entre hermanos.
“Los niños dan algo que los padres no pueden dar”.
Las relaciones fraternales, según la doctora Padilla-Walker, mantienen alejados sentimientos negativos que estimulan las depresiones y otros problemas de salud mental.
La culpabilidad, el miedo o el egoísmo quedan apartados gracias a las relaciones entre hermanos. Incluso las peleas entre hermanos, sin llegar a ser demasiado graves, ayudan a controlar las emociones.
En la investigación realizada por la doctora se entrevistó a 395 familias con más de un hijo. La encuesta, independientemente del género y la diferencia de edad, dio cuenta que los hermanos pequeños aprenden de sus mayores actitudes de amabilidad y generosidad, y las llevan a cabo en mayor medida incluso que sus propios hermanos.
Estas consecuencias positivas de las relaciones entre hermanos se intensifican cuando se trata de hermanas. Puede deberse a la mayor tendencia de las mujeres a hablar; esta destreza comunicativa hace más fuerte el componente antidepresivo de las relaciones fraternales.
En el estudio también hay una noticia negativa: en las familias monoparentales esa injerencia positiva de las relaciones fraternales se atenúa. Esto se debe a que el hermano mayor se ve forzado a adoptar el rol de figura paterna. “De cualquier modo, nos quedamos con lo positivo: poseer hermanos es uno de los más potentes antidepresivos, y esto es algo a considerar a la hora de evaluar los casos de depresión infantil”, observó la especialista.