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Tapones de cera y limpieza de oídos

TAPONES DE CERA Y LIMPIEZA DE OÍDOS

 

El organismo genera cerumen en el conducto auditivo externo ( el orificio de la oreja) que sirve para eliminar restos celulares y proteger a la delgada piel que lo cubre.

 

Hay personas que tienen la tendencia a acumular el cerumen en el interior y, en consecuencia, generan la sensación de oído tapado, disminuyendo su capacidad de oír.

 

Las causas más comunes son:

 

utilización de hisopos (muchos especialistas desaconsejan su uso);

fabricación excesiva de cera;

conducto auditivo no rectilíneo.

 

Cómo quitar tapones

 

No deben limpiarse a través de maniobras instrumentales realizadas por si mismo, ni tampoco a un tercero (limpiar el tapón a un hijo).

 

El drenaje de cerumen es espontáneo y sólo debe removerse el excedente que sale del orificio hacia fuera, sin introducir elementos en su interior, debido al riesgo de traumatismo, sangrado y formación de tapón de cera impactado.

 

Método del especialista

 

Los métodos a elección son los siguientes:

 

remoción con microscopio en camilla utilizando aspiración e instrumentos delicados;

lavaje con jeringa; nunca a cargo de personal no especializado.

 

Gotas

 

Las gotas de carbonato de sodio son útiles para ablandar el cerumen -hasta y mejorar las posibilidades- de modo que el otorrinolaringólogo pueda extraer en forma completa el tapón en una sola consulta.

 

Otras gotas como alcohol boricado o gotas con antibióticos no son útiles para esta finalidad.

 

Cómo limpiarse los oídos

 

Lo peor es utilizar objetos como cotonetes, pasadores, cerillas, clips, llaves o la esquina enroscada de una servilleta. Tratar de hacerlo de esta manera –si existe tapón de cera- es empujarlo aún más adentro, lo que dificultará su salida; además, es muy posible que se perfore la delgada membrana que cubre el tímpano, y con ello se lo deja expuesto a una posible infección de graves consecuencias.

Lo mejor es dejar pasar 2 ó 3 semanas entre cada limpieza.

En la mayoría de las personas, los oídos se limpian solos, produciéndose una salida lenta y ordenada desde el tímpano hacia el exterior. La cera vieja es constantemente transportada hasta el meato auditivo (entrada del oído), donde usualmente se seca y cae.

Pese a ello, la persona puede ablandar la cera con unas gotas de glicerina o aceite para bebé aplicadas con un gotero, en una acción que se lleva a cabo dos veces al día durante 4 ó 5 días.

Al paso de ese periodo la cera se habrá reblandecido, por lo que corresponde  recostar la cabeza en una almohada y verter en el conducto auditivo agua oxigenada, previamente calentada a temperatura corporal (37°C); este paso debe hacerse con una jeringa de 3 milímetros, la cual tiene que vaciarse muy despacio (las burbujas de oxígeno aflojan la cera ).

El líquido debe permanecer de 1 a 2 minutos dentro del oído, manteniendo la cabeza inclinada, para después incorporarla a su posición normal, de manera que fluya el agua templada que saca la cera reblandecida, absorbiéndola con algodón. Este paso puede repetirse 3 ó 4 veces, hasta que se considere que el oído está limpio y se escucha mejor.

Es de suma importancia tener en cuenta que la operación anterior solo debe llevarse a cabo estando seguro de que no se padece perforación en la membrana timpática, pues de ocurrir esto existe el riesgo de que se contraiga una infección.

Para cerciorarse del buen estado del órgano hay que acudir al otorrinolaringólogo, especialista médico que atiende este tipo de problemas y quien es el indicado para reconocer si se ha producido alguna lesión.

No hay que dudar por ningún motivo de visitar al facultativo si la sensación de lleno persiste después de haber limpiado los oídos, o si se experimentan  mareos o dolor.

Cómo cuidarse

El mejor de los cuidados es evitar la acumulación excesiva de cerumen y sus consecuencias, para ello  hay que adoptar estas actitudes:

  • limpiar suavemente el conducto auditivo externo (oreja), 2 ó 3 veces por semana;
  • no usar cotonetes ni cualquier otro objeto que no sea aceite y agua;
  • visitar al otorrinolaringólogo al menos una vez al año.

 

Autor: Dr. Luis Chinski  especialista universitario en otorrinolaringología, argentino

 

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