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A través de la toxina botulínica, conocida generalmente como “botox”, se puede atacar la hiperdrosis, una patología que se caracteriza por el sufrimiento de sudoración excesiva, que crea “lamentables” alteraciones de orden social y laboral.
El sudor es una reacción biológica del cuerpo ante un aumento de la temperatura corporal. Su función es refrescar el cuerpo y mantener el equilibrio de temperatura.
Sin embargo, hay personas que experimentan un descontrol de las glándulas sudoríparas, que provocan su transpiración en demasía, sin motivo justificado y sin que su organismo necesite la sudoración.
No hay razones lógicas que conduzcan a la hiperdrosis, pero sí factores emocionales y disfunciones biológicas.
“La hiperhidrosis primaria, también conocida como sudoración emocional, ocurre en momentos en los que hace frío, bajo condiciones de presión o estrés. Ello ocasiona un malestar social y una dificultad de realización de labores que requieren del aporte de las manos”, indicó la especialista en Dermatología y Venereología Médico-quirúrgicas del el Hospital USP San José de Madrid, Isabel Aldonondo.
Con las manos harto transpiradas, los pacientes temen estrechar las de otros en un saludo; además, mojan todo material que tocan.
La gente que padece de hiperdrosis, “ no suda mientras duerme y por lo tanto se concluye que en su cuadro persiste un componente emocional muy importante", añadió la funcionaria hospitalaria.
El impacto de la hiperhidrosis es mucho mayor de lo que la sociedad piensa, y esta última comúnmente no adjudica “trascendencia” a la suma de dificultades que ocasiona.
Por otra parte, la mayoría de los mismos individuos afectados, se niegan a ver la realidad y atribuyen la sudoración a factores de calor.
Pero la suposición va muy lejos de lo real. Los registros mundiales demuestran que la hiperdrosis es una enfermedad que “puede perjudicar directamente al 3 por ciento de la población, aunque el 40 por ciento de esta gente no acude al médico”.
Se padece en una sola zona del cuerpo o en diferentes áreas. Las zonas más habituales de sudoración en exceso son las axilas, las manos o los pies, si bien se manifiesta igualmente en la espalda, la frente o los muslos.
Un impulso remitido por el sistema nervioso a la glándula sudorípara le impone la necesidad de transpirar. La función de la toxina botulínica consiste en cortar la conexión entre el sistema nervioso y las glándulas (sudoríparas) e impedir su actividad.
La aplicación de botox en las axilas no requiere anestesia. Solo la anestesia
local se destina para el uso de la toxina en la planta de los pies o las manos.
El dermatólogo tratante define el número de sesiones y la cantidad de toxina botulínica que corresponde utilizar, de acuerdo a las características de cada indviduo.
Es frecuente que después de seis meses de tratamiento, vuelva a observarse la sudoración excesiva y aún en los mismos niveles de cuando se inició el proceso de atención de la patología; entonces, una reiteración continuada del suministro de toxina botulínica, es factible que consiga la desaparición definitiva de la enfermedad.
En la actualidad, se acentúa la tendencia a administrar botox en el ámbito de la estética.
Muchas personas reciben toxina botulínica sin experimentar hiperhidrosis, “simplemente por la mejora de la imagen que les produce no sudar nada y por el alto grado de confianza en sí mismas que obtienen con el botox”, informó Aldonondo.
Los resultados muestran en la hipersudoración una eficacia del cien por ciento. La citada profesional aseguró “es muy extraño encontrarnos con un individuo que no admita el tratamiento, o que no obtenga resultados positivos".
La hipersudoración es un auténtico problema. " sobre todo estético”. Los pacientes confiesan: “sudo mucho sobre todo en situaciones límites, aunque haga frío”.
Tan pronto los pacientes se ponen nerviosos, empiezan a sudar. Al respecto, caben las declaraciones de una mujer sometida al tratamiento con toxina botulínica: “Me la aplico cada seis o siete meses y desde luego no sudo ni la mitad que lo que sudaba antes".