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SINDROME POR EL CUAL VÍCTIMA DE MALOS TRATOS
SIENTE AFECTO POR SU VICTIMARIO
Es una reacción psicológica por la cual la víctima de un secuestro, contra su voluntad, se vuelve cómplice del secuestrador y conforma un fuerte lazo afectivo con él.
El rehén llega a creer –aún con violencia de por medio- que su secuestrador asume un acto de humanidad.
· Sentimientos positivos y a la vez miedo a la policía
De acuerdo al FBI en un promedio de 4700 asedios, el 27% de las víctimas sostienen esta reacción, que se muestra de dos maneras: por un lado poseen sentimientos positivos hacia los secuestradores y, por otro, sienten temor e ira contra las autoridades, por ejemplo policiales.
En algunas oportunidades, iguales sentimientos positivos se dan en los secuestradores.
El síndrome es más común en personas que ya han sido rehenes, miembros de una secta, aquellos que en su infancia recibieron abuso psíquico o incesto, prisioneros de guerra y/o de campos de concentración, según el psiquiatra y catedrático de Medicina social Nils Bejerot, asesor de la policía sueca.
· Un caso famoso
Patricia Hearst, nieta del poderoso editor William R. Hearst, después de haber sido retenida por la organización terrorista Ejército Siombonés de Liberación, se unió a la ella tras su liberación.
Mujeres maltratadas
Si bien se ha instalado progresivamente la condena social y judicial contra el maltrato doméstico, muchas son las víctimas que todavía optan por el silencio, ocultando la problemática.
En tanto las mujeres padecen procesos paralizantes por miedo, la percepción de que no tienen una salida ni recursos alternativos o un apoyo viable, especialmente cuando son madres.
· Buen desempeño laboral e independencia económica
Incapaces de denunciar a sus agresores, con quienes siguen viviendo, muchas veces ellas en paralelo se destacan por realizar trabajos de envergadura con éxito, y por una independencia personal y/o económica.
Continúan desarrollando un vínculo afectivo cada vez más pronunciado con su agresor y lo defienden y justifican.
Lazo traumático
El desequilibrio de poder y la intermitencia en el tratamiento bueno-malo, generan en la mujer maltratada el desarrollo de un lazo traumático que la une con el agresor con docilidad (Dutton y Painter).
Ella aprende la indefensión. En las parejas traumáticas el abuso es un antecedente y no una consecuencia; ya provienen del noviazgo con distorsiones cognitivas (Graham, Rawlings, Ihms, Latimer, Foliano, Thompson, Suttman, Farrington y Hacker)
Síndrome de Estocolmo Doméstico
El síndrome de Estocolmo Doméstico sería como un vínculo interpersonal de protección, construido entre la víctima y su agresor, en el marco de un ambiente traumático y de restricción, la víctima es inducida a un modelo mental constituido por esquemas mentales y creencias.
Cuatro fases
El proceso puede dividirse en cuatro fases: desencadenante, reorientación, afrontamiento y adaptación.
En la desencadenante, las primeras palizas rompen la seguridad construida sobre una base afectiva; la mujer se siente desorientada, pierde referentes, sufre estrés con probable cronificación e inclusive depresión.
En la fase de reorientación, ella busca nuevos referentes y trata de reordenar sus esquemas cognitivos, con el fin de evitar la disonancia entre su conducta de elección, el compromiso de pareja y la realidad traumática que vive.
Se inculpa y entra en un estado pasivo y de indefensión.
La fase de afrontamiento, se caracteriza por buscar vías de protección de su integridad psicológica, mientras asume el modelo mental de su esposo.
En la última fase (adaptación), proyecta parte de la culpa al exterior, hacia otros; pero el síndrome se consolida identificándose en torno al modelo mental explicativo de su pareja acerca de la situación hogareña y las causas.
El síndrome no únicamente se circunscribe al espacio físico de la vivienda; en algunas circunstancias, el sexo femenino lo toma como un elemento autorreferencial para aceptar y/o someterse al maltrato en otras configuraciones ambientales.
Efectos por sectas y lealtad
La introducción a grupos como fraternidades secretas, hermandades y sectas, motiva el síndrome.
Por otra parte, es muy poderosa la lealtad a un abusador –aún cuando entrañe peligro para la vida-; es común en gente abusada en su hogar, maltratada y con una infancia dependiente de un explotador de niños.
En muchos casos las víctimas optan por ser leales a su abusador hasta tan punto que no lo quieren abandonar, aunque se les ofrezca un sitio seguro.
Sociedad Española de Psicología de la Violencia
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