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La mayoría de los adultos mayores desarrollan sobrepeso y almacenan grasa con el paso del tiempo, principalmente porque la vida sedentaria (falta de ejercicio) se hace más común.
Resulta muy importante considerar dónde se asienta la grasa. Si la misma recrudece en el área del estómago- se da especialmente en hombres-, puede provocar la diabetes, exceso de colesterol, gota, hipertensión y padecimientos del corazón.
En cambio, en las mujeres la distribución del sobrepeso es general (en glúteos, muslos y piernas); no ocasiona tantos problemas, pero repercute sobre las articulaciones como en la columna vertebral, rodillas y tobillos.
Luego de la menopausia se altera el mecanismo encargado de regular el tejido adiposo y la proporción entre grasa y músculos. Al cuerpo le cuesta metabolizar lípidos y lipoproteínas, es decir, el aprovechamiento y eliminación de grasas.
El envejecimiento y la sobrecarga de peso desgasta o destruye los cartílagos y deforma los huesos, manifestándose en dolor y movimiento limitado.
Las mujeres, en general, ven dañadas sus caderas (ingle y región interna del muslo) rodillas (en su parte interna) y pies.
Disminuye la densidad mineral ósea (calcio y colágeno), los huesos se vuelven porosos, delgados, frágiles y susceptibles de fracturarse ante el mínimo esfuerzo.
Suelen incrementarse afecciones en el corazón, junto con la suma de grasas, con el consecuente colesterol malo y elevado. En tanto, el bueno, produce hormonas, ayuda en la formación de bilis y vitamina D y mantiene la estructura del organismo.
El colesterol malo se acumula en las paredes arteriales, aunándose residuos de células musculares, sanguíneas y calcio, lo que suscita la formación de una placa (ateroma), que de alcanzar un tamaño que dificulte el paso de la sangre, causa este padecimiento.
Se lesionan así, las arterias coronarias (las que llevan sangre al músculo del corazón), la aorta (la más grande del cuerpo) y cerebro y extremidades, sobre todo muslos y piernas.
La orina desecha diariamente ácido úrico, aunque cuando esto no sucede se acumula en la sangre y se deposita, poco a poco, en las articulaciones, en forma de cristales, ocasionando inflamación y dolor muy intenso.
Perjudica a un tercio de las personas que superan los 60 años. Se concentra grasa en los vasos sanguíneos; otros motivos son el estrés, situaciones de angustia, dolencias del riñón, diabetes y hábitos sedentarios, más consumo excesivo de sal, tabaco y alcohol.
Es el aglutinamiento de glucosa en sangre debido a un parcial o total deterioro de la secreción y acción de la hormona insulina, producida por el páncreas, y encargada de mantener niveles de azúcar normales. Si no se controla, trae ceguera, daños renales y vasculares y amputaciones de piernas.
Los factores que aceleran el proceso son la acumulación de grasa corporal, compuestos contaminantes, virus y radiación ultravioleta de rayos solares.
· Ejercicio:
Aumenta la definición de músculos, mejora la sensibilidad a la insulina y se reducen los niveles de colesterol; la caminata es una excelente actividad.
La masticación lenta tritura los alimentos y los convierte en un bolo alimenticio perfectamente digerible; de no practicarse esta modalidad,
los órganos implicados en la digestión trabajan a marchas forzadas, generando indigestión, dolor estomacal, emisión de gases e inadecuado metabolismo de grasas.
Comer poco y frecuentemente. Una alimentación bien distribuida permite perder el exceso de grasa, mientras que una sola comida al día promueve la acumulación de grasas.
Son abastecedores de proteínas, calcio y otros minerales y vitaminas, tienen fama de garantizar la longevidad. El yogur es el más apropiado dado que se digiere mejor y ayuda a regenerar la flora intestinal. Beber leche descremada.
Beber dos litros de agua al día para rehidratar el tracto digestivo.
Evitar el consumo de sal porque estimula la formación de grumos de grasa en las paredes arteriales. Incorporar ajo a las comidas porque justamente origina el efecto contrario y beneficia la circulación sanguínea.
Despedirse de los aperitivos y sustituirlos por jugos de fruta o verdura, ya que estos últimos no engordan y eliminan el apetito.
Sustituir el pan blanco por integral e ingerir pocos dulces y alcohol.
La ingesta de quesos, patés, salsas y carnes grasas.
Fuente: Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer, Bs. As., Argentina