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La depresión severa ha afectado alguna vez en la vida al 20% de la población mundial. Diversos estudios ya se refirieron a la predisposición genética y recurrente en familias; ahora, se suman dos estudios distintos que revelan –por primera vez- que quienes tienen esta enfermedad exhiben las mismas alteraciones en una zona específica de su ADN: el cromosoma 3, que posee 90 genes.
La comprobación surgió tras la evaluación de hermanos depresivos y fumadores.
Un primer estudio encarado por el King's College de Londres, siguió a más de 800 familias en Reino Unido perjudicadas por depresión recurrente.
En forma paralela, un grupo de investigadores de la Universidad de Washington estudió a otras 91 familias en Australia y a 25 en Finlandia, donde había hermanos depresivos y fumadores.
Otros análisis anteriores demostraron que la depresión severa es más común en los fumadores y que más del 60% de ellos solicita tratamiento.
Si bien las dos investigaciones fueron totalmente independientes, realizadas a diferentes personas y con diversos objetivos, concluyeron que “hay un vínculo entre la depresión y una parte del cromosomas 3, contenedor de 90 genes, dado que los hermanos deprimidos de los dos grupos observados “portaban las mismas alteraciones en esta particular región del ADN.”
Esta es la primera vez –continúo Michele Pergadia, académica de la U. de Washington y autora de uno de los equipos, que “una parte del genoma se vincula a la depresión mayor o severa".
Si bien ninguno de los dos estudios aisló grupos de genes "de la depresión", sí localizaron por igual una parte del cromosoma conocida por albergar el gen GRM7, que con anterioridad otros expertos relacionaron con la depresión mayor.
El hallazgo –según Pergadia es un primer gran paso, "porque muestra que una región del genoma (sin genes específicos aún) puede ser crucial para identificar los genes que contribuyen a la depresión".
Por lo tanto, la especialista depositó su esperanza de que los avances den lugar a tratamientos más efectivos, debido a que las terapias y fármacos disponibles actualmente sólo funcionan en un 40% de los pacientes.
“Rastraeremos los genes específicos alterados por la enfermedad”, determinó, por su parte Gerome Breen, del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres.
La Organización Mundial de la Salud ha pronosticado que esta enfermedad rivalizará con las dolencias cardíacas como la mayor carga por enfermedad en el mundo para el 2020.
La depresión mayor o grave, daña casi por completo el día a día de la persona, dado que desde darse un baño o ir al trabajo se convierten en una tortura, mientras aparecen ideas de suicidio y/o tentativas.
El paciente sufre desesperanza, apatía, hipocondría, trastornos del sueño y del apetito, ausencia de proyectos, crisis de ideales y valores, disfunciones sexuales, y puede caer en adicciones y trastornos corporales.
Su visión de sí mismo y del mundo es pesimista, con un marcado sentimiento de impotencia y fracaso. Por eso, por lo general sus días transcurren como una sucesión de rutinas y pesares, sin presencia ni indicios de los pequeños estallidos de alegría que puede experimentar una persona que no sufre este cuadro.
En tanto merman progresivamente la energía y el interés, crecen la culpa y las dificultades de concentración.
Se alteran las funciones cognitivas y el lenguaje y las funciones vegetativas (como el sueño, el apetito y la actividad sexual), sumándose en consecuencia situaciones que afectan el desempeño social, laboral e interpersonal.
Ante el agobio, el paciente dice: "no tengo futuro", "no tengo fuerzas", o "no valgo nada".
Otra fuente; Fava M, Cassano P. Mood disorders: Major depressive disorder and dysthymic disorder. In: Stern TA, Rosenbaum JF, Fava M, Biederman J, Rauch SL, eds. Massachusette General Hospital Comprehensive Clinical Psychiatry. 1st ed. Philadelphia, Pa: Mosby Elsevier; 2008.