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El concepto porfiria abarca varios trastornos con igual problema: acumulación de porfirinas en el cuerpo.
Las porfirinas ayudan a que el hemo (diversas proteínas entre las que se destaca la hemoglobina) constituyan el glóbulo rojo; no obstante, siempre un exceso de ellas puede ser dañino.
En general, afecta el sistema nervioso y la piel debido a que el hemo no se forma como el organismo lo necesita.
Porfiria Intermitente Aguda (síntomas agudos y no dérmicos, provoca crisis del sistema nervioso).
Porphyria Cutánea Tarda (síntomas dérmicos y no agudos; el hierro inhibe la actividad del sistema enzimático, cuya deficiencia origina la enfermedad acompañada de ampollas y cicatrices).
Protoporfiria eritropoyética congénita: con iguales características de la anterior surge desde el nacimiento.
Los distintos tipos de porfiria aparecen al inicio de la infancia, algunos en la pubertad y otros en la adultez.
Los ataques suelen presentarse no de manera intermitente sino por periodos separados y prolongados de tiempo.
Los medicamentos, las infecciones, el consumo de alcohol y las dietas desencadenan estos ataques.
La mayoría de las modalidades de porfiria se heredan mediante los genes. Se transmiten por uno de los padres o los dos.
Contar con un miembro familiar con esta enfermedad, es motivo de riesgo más frecuente.
Sexo: femenino (relacionado con el ciclo menstrual).
Es habitual que se muestre la afección entre los 20 y 40 años de edad.
Orina rojiza por mucha existencia de porfirinas.
Porfiria intermitente aguda: nervios intestinales crean problemas gastrointestinales. Los ataques se extienden de días a semanas. Incluyen:
Dolor y calambres abdominales.
Náuseas y vómitos.
Estreñimiento.
Orinar con dolor o retención de la orina.
Dolor en las extremidades, cabeza, cuello o pecho.
Debilidad muscular.
Pérdida de la sensibilidad.
Temblor.
Sudor.
Latido acelerado del corazón.
Hipertensión.
Problemas respiratorios.
Arritmia cardíaca.
Convulsiones.
Alucinaciones.
Inquietud.
Depresión.
Insomnio.
Confusión.
Paranoia.
Porfiria cutánea tarda (se da habitualmente y en la mayoría de las situaciones no se hereda). Sus síntomas son:
Sensibilidad al sol.
La piel expuesta al sol es frágil.
Una lesión mínima lastima la piel.
Ampollas en la cara, manos, brazos, pies y piernas.
Demora la piel en sanarse y es susceptible a infección.
Marcas y cicatrices en la piel, que cambian de color, mientras crece cabello excesivo.
Orina rojiza en infancia o niñez.
Sensibilidad al sol.
Enrojecimiento o hinchazón, pero regularmente sin ampollas.
Comezón o ardor.
Cambios a largo plazo de piel y uñas.
Cálculos biliares.
Protoporfiria eritropoyética congénita
Esta forma es poco asidua. Sus síntomas comunes, resultan:
Orina rojiza, en la infancia.
Sensibilidad al sol, desde a infancia.
Piel frágil ante el sol, ampollas abiertas y proclives a infección.
Cambia el color de la superficie cutánea, con piel engrosada, cicatrices y mucho vello.
Dientes café-rojizos.
Bazo agrandado.
Anemia hemolítica.
En todas las formas de porfiria, se deben soslayar medicinas que inclinen al ataque; en tanto, hace falta una dieta alta en carbohidratos.
El tratamiento se basa en lo siguiente:
Ante porfiria que perjudica la piel, se requieren cuidados especiales para superar lesiones y/o infecciones.
La porfiria intermitente aguda precisa hospitalización frente un ataque, con aplicación de hemo vena, en forma de hematina, hemo albúmina o hemo arginato; sumándose glucosa y medicación que controlen dolor, náusea, ansiedad e insomnio.
Porphyria Cutánea Tarda: necesita una quita semanal o mensual de sangre, agregándose dosis bajas de medicamentos antimalaria, como:
Cloroquina (Aralen Fosfato);
Hidrocloroquina (Plaquenil);
Radiología que supervise posibilidad de adquirir cáncer de hígado.
Suministro de beta-caroteno oral; sostener niveles de hierro normales con complementos alimenticios; fármacos para excreción de porfirinas en la materia fecal como: carbón activado, colestiramina, transfusiones de sangre, extracción del bazo y trasplante de médula ósea.
Antes de estas intervenciones quirúrgicas se intenta la administración de betacaroteno y carbón oral para la excreción de porfirinas en las heces.
Con cambios evidentes en el ADN, un asesor genético –si bien no puede corregir la mutación genética- es capaz de anticipar, prevenir o controlar ataques, con la adopción de los siguientes recaudos:
Proteger la piel de lesión o infección.
Evitar drogas y otros disparadores como barbitúricos y sulfamidas.
Esteroides: estrógeno y progesterona, con el propósito de generar cambios hormonales vinculados a los periodos menstruales.
Asimismo:
Dietas para perder peso o de ayuno.
Recobrarse de infecciones.
Evitar alcohol, cigarros, estrés, pesticidas, químicos, máxima luz solar.
Someterse a cirugía.
Ingesta de hierro e hidratos de carbono.
Dejar de lado pesticidas o químicos.
Fuentes: American Liver Foundation
National Organization for Rare Disorders, Inc.
The American Phorphyria Foundation