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En la lucha contra el abuso de drogas se está buscando científicamente una mejor comprensión de cómo la adicción coincide en parte con otras enfermedades cerebrales, de modo de lograr que el tratamiento de una adicción pueda ayudar a otra.
No se trata de bloquear temporalmente la euforia del adicto. El objetivo es modificar los circuitos cerebrales subyacentes que dejan a los adictos propensos a recaer.
"Es una forma diferente de analizar las enfermedades mentales, incluyendo los problemas de abuso de drogas", dijo la doctora Nora Volkow, directora del Instituto Nacional contra el Abuso de Drogas, quien exhortó a científicos en la reciente reunión anual de la Asociación Nacional de Psiquiatría a ser más creativos en la búsqueda de terapias contra la adicción.
En lugar de un problema en una sola región del cerebro, los científicos consideran cada vez más que las enfermedades psiquiátricas son resultado de problemas en circuitos que abarcan varias regiones, lo que deja a éstas incapaces de comunicarse apropiadamente entre sí.
Eso obstaculiza, por ejemplo, el equilibrio entre impulsividad y autocontrol, el cual desempeña un papel clave en la adicción.
Esas redes de circuitos coinciden en algunas partes, lo que explica por qué tantas enfermedades mentales reúnen síntomas comunes.
Es también una razón por la que las adicciones al alcohol, a la nicotina o a varios tipos de drogas legales e ilegales a menudo van acompañadas por depresión, esquizofrenia y otros males de la mente.
El instituto que dirige Volkow ha pedido más investigaciones de tratamientos que se centren específicamente en circuitos involucrados en el control cognoscitivo, mejor toma de decisiones y resistencia a impulsos.
Como parte de uno de dichos tratamientos, el fabricante Alkermes Inc. le acaba de solicitar a las autoridades federales que aprueben la inyección mensual de naltrexone -vendida ya para tratar el alcoholismo- con el fin de ayudar a personas a superar su adicción a la heroína y a otras drogas conocidas como opioides.
Los expertos ya saben que las píldoras de naltrexone pueden bloquear los efectos de la heroína, pero solamente dura un día.
Estudios de Alkermes muestran que la versión mensual, llamada Vivitrol, contribuye a reducir el uso a largo plazo.
Volkow apuntó que un estudio realizado en Rusia encontró que las inyecciones de naltrexone redujeron además las ansias por consumir la droga.
“Eso es importante –manifestó- porque el tratamiento podría ir apagando un circuito muy activo de recompensa que condiciona a la gente a seguir usando el estimulante.