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A la hora de comprar anteojos de sol es importante tener en cuenta la diferencia entre el deslumbramiento ocasionado por la luz del sol y la filtración de los rayos UV.
Los vidrios de color protegen del deslumbramiento provocado por la luz visible,
pero cuando son muy delgados y no fueron sometidos a un tratamiento especial, dejan pasar parte de los rayos más agresivos cuando la pupila se dilata al portar los lentes oscuros.
La coloración del vidrio sólo aporta una comodidad visual suplementaria, ya que para disminuir la incidencia de los rayos solares lo más apropiado es utilizar gafas con vidrios orgánicos recetados ( incluso los de lectura o de uso contínuo pueden ser transparentes y filtrar los rayos en su totalidad).
1) Preferir cristales tallados y no curvos. Estos últimos pueden reunir imperfecciones que distorsionan la visión.
2) Leer las etiquetas que los acompañan. Muchos lentes anuncian “Protegen contra los UV perjudiciales” o “100% de protección contra los UV”, cuando realmente ningún cristal ofrece ese grado de protección.
3) Elegir aquellos que bloqueen el 99% de las rayos UVB y UVA (ultravioleta)
4) Tener en cuenta que ni los cristales polarizados ni los espejados protegen de los rayos UV, a menos que así lo especifique la etiqueta.
5) Los cristales oscuros no protegen del sol por sí mismos. Para lograrlo,
deben poseer un filtro para rayos UV. De lo contrario, pueden causar más problemas que si no se los usa, dado que la oscuridad de los anteojos dilata las pupilas y, al no filtrar la radiación, los ojos reciben y absorben más rayos que
si no los tuviésemos puestos.
Fuente: Asociación Entrerriana de Oftalmología, Argentina