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El entorno y el estilo de vida de los padres durante el embarazo y antes de los dos primeros años de vida del bebé, de acuerdo a una nueva corriente científica, configuran el temperamento, la inteligencia y la capacidad para resistir el estrés y las enfermedades.
Es la tesis que sostienen expertos como el científico británico David Barker, profesor de Epidemiología clínica en la Universidad de Southampton.
Todo se "cablea" durante el embarazo y en las experiencias tempranas del niño junto a sus padres, antes de cumplir los dos años de vida”, argumentó Barker.
Conforme se dan las condiciones de vida en los primeros mil días, se observan las diferencias: gente inquieta, otra tranquila, tímida o extrovertida, ansiosa o relajada, más exitosa, destacada por su inteligencia, astucia o sagacidad verbal.
También los mil días, siempre en línea con los conceptos de Barker, ejercerían influencia en las enfermedades que surgen a medida que avanza el envejecimiento, al igual que una mayor propensión a la diabetes, enfermedad coronaria, obesidad, asma y cáncer.
Se suma otra autora: Annie Murphie, quien en un libro publicado el año pasado dio cuenta de cómo las experiencias en el útero materno fijan gran parte de lo que el bebé vivirá en su adultez.
El ánimo de la madre durante el embarazo también afecta, sea estrés, ansiedad o depresión.
La Universidad de Oslo aduce que la embarazada que consume chocolate- por lo menos una vez por semana- o pescados ricos en ácidos grasos con Omega 3, predispone a la mejor conducta futura de los hijos y ya a los cuatro años superan en un 4.1% a la inteligencia de los que nacen de mujeres que no se alimentaron de tal manera.
Si el chico llora más de lo común, presenta problemas para dormir o si es alimentado con leche materna, son indicadores que dejan entrever ciertos rasgos que exhibirá en su porvenir.
Los primeros meses de gestación impactan en el desarrollo cognitivo, la inteligencia y el comportamiento.
La propuesta de la nueva corriente científica consiste en que se receten a las embarazadas dietas especiales para elevar el coeficiente intelectual de sus hijos.
Un estudio del Departamento de Psiquiatría de la U. de Columbia, EE.UU. halló que sólo los fetos de madres ansiosas evidenciaron signos de estrés comparables con los de ellas. Esta situación predispone a los hijos a padecer el estrés en su vida adulta.
Dos años después del nacimiento se consolidan satisfactoriamente la inteligencia, la capacidad verbal y el tamaño cerebral, si el chico ingirió leche materna por un mínimo de cuatro meses, circunstancia que evita en un 30% problemas conductuales futuros. Así lo estableció la Universidad de Oxford al efectuar el seguimiento de 9.500 madres y sus respectivos bebés.
Dos factores podrían explicarlo: algún componente de la leche estimula el desarrollo neuronal y el aprendizaje, y el mayor contacto madre-hijo permitiría una mejor comunicación. Lo cierto es que los chicos generan músculos más fuertes y muestran una mejor salud física en el resto de sus años.
El nivel socio económico es fundamental para la expresión de los genes vinculados a la inteligencia; los bebés en casas sin problemas sociales y económicos desarrollan gran parte de su potencial, a diferencia de los nacidos en hogares pobres, verificaron las universidades Texas en Austin, Virginia y British Columbia, que evaluaron a más de 750 gemelos.
Barker encontró que la mala nutrición en el embarazo predice enfermedad cardíaca en el adulto. El feto, enfrentado a la carencia de recursos, busca que crezca el cerebro, dejando en desigualdad a otros órganos, como el corazón.
Un bebé con poco peso en su nacimiento, envejece antes en su adultez, adolece de hipertensión arterial y corre más riesgo de osteoporosis; a la vez, acabará abusándose de tabaco y comidas grasas. Estas conclusiones corresponden a la Universidad de Southampton.
La solución no es nutrirlo en exceso. Especialistas ingleses de la U. de Glasgow advirtieron que desencadena en la adultez envejecimiento prematuro y obesidad: se saturan y atrofian muchas funciones del organismo y disminuye la tolerancia a la glucosa.