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La alimentación es condicionante en el autismo, dado que este trastorno permanente y profundo además de afectar el desarrollo de habilidades sociales y comunicativas, lesiona su sistema gastrointestinal.
“Los chicos autistas suelen tener problemas estomacales como estreñimiento crónico, diarrea, dolores abdominales, vómitos y deshidratación.
Por eso, no deben comer los alimentos con gluten (trigo, centeno, cebada) y caseína (productos lácteos) por ser fermentables”, informó la doctora Karla Gutiérrez, nutricionista de la clínica Javier Prado, localizada en Lima, capital de Perú.
Se recomienda que los padres, antes de iniciar cualquier tratamiento, acudan al servicio de un equipo médico especializado.
La nutricionista indicó que los progenitores deben permanecer atentos ante la menor queja de dolor y llanto de sus hijos, ya que justamente el autismo impide la comunicación verbal, y, muchas veces, las molestias físicas que conlleva son producto de una alimentación inadecuada.
La dieta apropiada es la que cubre las necesidades nutricionales conforme a la edad, peso y talla de cada chico. Nunca debe contener carbohidratos fermentables para evitar un crecimiento bacteriano en el intestino.
La experta indicó que los carbohidratos tienen que reemplazarse por otros alimentos que posean una mayor cantidad de proteínas de origen animal y vegetal, siempre con la atención puesta en los requerimientos nutricionales para que los menores no acaben padeciendo desnutrición.
Este síndrome, común en los autistas, obedece a varios factores (no todos presentes) como debilidad congénita de la pared intestinal, agresión mucosa por péptidos no digeridos, infecciones víricas intestinales, disbiosis y acidez intestinal y tóxicos xenobióticos que inflaman los intestinos (pesticidas, fungicidas, petroquímicos, disolventes, entre otros)
El intestino permeable estimula el paso a la sangre de alimentos no digeridos, en especial péptidos, tóxicos, bacterias y otras sustancias alergénicas.
Pasan la barrera intestinal los derivados del gluten de ciertos cereales (principalmente trigo, cebada, centeno y avena) y de la caseína de la leche de vaca y de cabra.
Dichos alimentos reaccionan ante los receptores cerebrales opioideos y ocasionan un estado similar a quien se halla bajo el efecto del opio.
El intestino delgado secreta una importante enzima, llamada secretina, cuya función principal es la activación de la secreción de bicarbonato (alcalinizante) por el páncreas.
La escasa secretina inactiva la secreción de bicarbonato por el páncreas, lo que hace que el contenido intestinal se mantenga muy ácido e interfiriera en la actividad de las enzimas pancreáticas sobre los alimentos que necesitan un medio menos ácido para actuar.
La persistencia de la acidez daña más todavía las paredes intestinales.
La mala absorción intestinal es producto de una cantidad insuficiente de aminoácidos, fundamentalmente treonina en sangre y orina.
En el autismo, la falta de lisina necesaria disminuye la acción de la vitamina B6. En cuanto al aminoácido taurina se ve disminuida, siendo la que –en estado normal - ayuda al flujo de calcio y minerales en el interior y exterior de las células, regula los neurotransmisores, disminuye el estrés oxidativo y favorece la absorción de vitaminas A, E y D y de ácidos grasos esenciales. Frente a esta irregularidad, se precisa un aporte adicional de magnesio.
La mala metabolización del triptófano, precursor de la serotonina (neurotransmisor) y la melatonina (compuesto), impide la formación adecuada de la primera y, consecuentemente, se da una disbiosis. Esta última significa que en el intestino las bacterias originan mala digestión y, asimismo, se ve inhibida la respuesta inmunológica de los linfocitos.
Constituyen el 60% del cerebro. Su desequilibrio trae estos síntomas: sequedad de la piel y el pelo, sed excesiva, ojos secos, uñas quebradizas, alergias, baja inmunidad, infecciones frecuentes y fatiga.
Los autistas requieren suplementar la dieta con ácidos grasos esenciales: omega 3 y omega 6 para mejorar la función cerebral, regular los ciclos de sueño, reparar la membrana intestinal y absorber alimentos.
El 75 % de los niños con autismo presenta un déficit de zinc, mineral que contribuye a la digestión de péptidos, la desintoxicación, y la protección del hígado contra daños químicos. A la vez, previene la formación de radicales libres, sintetiza proteínas y forma el colágeno, mientras preserva al sistema inmunológico.
El magnesio aumenta la acción de la vitamina B6 y la transmisión del impulso nervioso. En el autismo su proporción es baja.
Se aconsejan suplementos de calcio y magnesio y de vitamina B6 con este mineral.
Para los autistas es imprescindible un complemento de vitamina B 6, la más usada para el tratamiento del trastorno. Se aconseja una megadosis de 17 mg/ Kg /dia.
Otra fuente consultada: libro: Autismo: Consecuencia de la contaminación, Solucionando el problema. Dr. Eliezer Juarez T. Ed. MA&M Editores. 2009