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Existe una fuerte asociación entre la capacidad intelectual o creatividad y algún padecimiento de irregularidad de orden emocional.
El riesgo de sufrir el trastorno afectivo bipolar (TAB) es cuatro veces más alto cuanto más inteligente es un individuo.
Esta afirmación la formularon investigadores del Instituto de Psiquiatría del Kings College de Londres y del Karolinska de Estocolmo, en Suecia.
Hasta ahora no se había logrado demostrar que grandes personalidades de la historia, la música, el cine, la televisión, la actuación, la ciencia y el arte en todas sus manifestaciones, poseían una deficiencia de orden emocional.
El estudio sueco analizó a 714. 000 personas, de edades que oscilaban entre 15 y 16 años y las compararon con registros de internación por diagnóstico de bipolaridad.
La conclusión, bajo la supervisión del doctor James MacCabe, fue la siguiente:
los estudiantes con excelentes calificaciones están expuestos cuatro veces más a contraer TAB en su adultez que los estudiantes promedio.
Por otra parte, los peores alumnos mostraron el doble de riesgo que los que obtenían calificaciones medias.
La incidencia se observó más en hombres que en mujeres, escribieron los expertos en un artículo publicado en British Journal of Psychiatry.
Pese a las evidencias, los investigadores explicaron que no hay certeza sobre la razón por la cual se da esta relación, aunque se refirieron a ciertos factores vinculantes entre coeficiente intelectual (CI) y TAB.
Los especialistas al aludir a los episodios de hipomanía, que son periodos de un destacable buen ánimo, los enfermos de TAB acostumbran a ser más ingeniosos y con una energía extraordinaria para desarrollar creatividad y concentración elevada y duradera, mucho más que el resto de la gente sin esta anomalía.
Los sujetos con trastorno bipolar suelen experimentar sus sentimientos y emociones intensamente y –de acuerdo a los investigadores- esta experiencia conduciría a desarrollar talentos en la música, la literatura y el arte en general, que se derivan de una particular y gran sensibilidad.
También se llama trastorno maniaco-depresivo, que se traduce en una fluctuación anímica, reflejándose con alternancias entre estados de excitabilidad e hipomanía y depresión.
Los padecimientos son: cambios profundos de humor, una ambivalencia en tiempos relativamente cortos.
Se origina por un desequilibrio electroquímico de los neurotransmisores del cerebro en la amígdala y al sistema límbico, que son las áreas más ligadas a las emociones.
Aparece entre los 15 y 25 años y habitualmente en personas con antecedentes familiares.
Se utilizan fármacos que estabilizan el ánimo: litio, valproato y ansiolíticos como las benzodiacepinas.
* Animo muy alto y humor en exceso.
* Poca necesidad de dormir sin sentir fatiga.
* Incremento de la energía.
* Autoestima y autoconfianza exageradas a raíz de sus capacidades o habilidades.
* Compromiso extremo en sus actividades, ejecutándolas de manera hiperactiva.
* Fuerte depresión que se aúna al consumo de alcohol y drogas, mientras crece la posibilidad de suicidio.
* Aislamiento social.
* Pérdida de interés en las trabajos que suele disfrutar.
* Falta de autoestima con sentimientos de desesperanza o minusvalía.
* Pensamientos reiterados de muerte y suicidio.
* Inactividad.
* Cansancio.
Sin contención familiar no se sale adelante; ella tiene que involucrarse en el proceso de recuperación y aprender cómo transcurre la enfermedad, dado que en las etapas eufóricas los pacientes se sienten “bien” y, consecuentemente, no piden ayuda ni reconocen su problema.
Los episodios maníacos ( aumento de actividad mental y física) son disparadores de creatividad. Se considera que sufrieron esta afección: Isaac Newton, Edgar Allan Poe, Leonardo Da Vinci, Vicent Van Gogh, Sigmund Freud, Mozart, Napoleón Bonaparte, Tim Burton, entre otros personajes importantes.