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La propia experiencia, concretada en el tacto y la toma de los objetos con sus manos, le permite a los bebés de menos de un año aprender mucho más que el mero hecho de observar a los adultos cómo hacen algo.
A esta conclusión llegaron investigadores de la universidad de Washington, en los Estados Unidos, después de analizar el comportamiento de 51 pequeños, divididos en varios grupos. Uno de ellos aprendió a alcanzar un juguete con un bastón, mientras que el resto sólo miró cómo se hacía.
Una filmación posterior de la atención de los bebés hacia los adultos que imitaron el procedimiento, reveló que aquellos niños que habían tomado por sí mismos el juguete con el bastón prestaron más atención a los adultos que repitieron esta acción.
Según los científicos, la atención apunta a que estos niños comprendieron mejor las intenciones de los mayores, gracias a su propia experiencia.
Los investigadores (que publicaron su trabajo en la revista Developmental Psychology) descubrieron que de un grupo de menores, aquéllos que tuvieron la oportunidad de utilizar un bastón de plástico -para llegar hasta un juguete que estaba fuera de su alcance-, posteriormente fueron más capaces que otros pares de comprender las intenciones de un adulto al usar una herramienta similar.
"Interactuar con el mundo es una de las maneras que los niños tienen de aprender cosas de él, y sólo recientemente se han realizado estudios que demuestran que la experiencia activa, manual, es más efectiva como aprendizaje que el mero hecho de mirar, explican.
"La presente investigación indica que el conocimiento humano se beneficia de la experiencia manual incluso en los estadios más tempranos de nuestro desarrollo".
El mismo equipo de investigación había demostrado en trabajos anteriores que los niños de 10 meses de edad raramente usan herramientas, como un bastón, de manera espontánea.
En este nuevo estudio, para comprobar si el entrenamiento activo, manual, proporcionaba una mayor comprensión a los niños de las intenciones de los adultos al usar una herramienta concreta, los investigadores dividieron a 51 bebés -26 varones y 25 niñas- en tres grupos distintos.
Los niños de uno de estos grupos fueron entrenados en el uso de un bastón de rayas rojas y un bastón de rayas verdes para mover un juguete de goma (un pato amarillo o un hipopótamo de color púrpura) hacia ellos, sobre una mesa. A estos chicos se les mostró como usar la curva del bastón para asir el juguete. Finalmente, se les permitió probar dos veces para ver si podían acercar el juguete hacia ellos sin ayuda.
Los niños del segundo grupo, el de observación, siguieron el mismo procedimiento con una diferencia: no llegaron a usar los bastones sino que, simplemente, miraron cómo un adulto imitaba a los bebés del primer grupo, mientras éstos aprendían a usar el bastón para asir el juguete.
Los bebés de estos dos grupos y los del tercer grupo, que se tomó como referencia, observaron individualmente pruebas de entrenamiento en las que un investigador, sentado frente a una mesa, utilizó un bastón para alcanzar un juguete y recogerlo con él. Fuera de la vista de los chicos, la localización del juguete fue cambiada en cuatro pruebas.
En dos de ellas, la curva del mismo bastón usado previamente por el adulto fue colocada alrededor de un nuevo juguete. En las otras dos pruebas, la curva de un nuevo bastón fue ubicada alrededor del mismo juguete. Todos los bebés fueron filmados durante dichas pruebas para comprobar cuánto tiempo permanecían atentos a cada una de ellas.
Los niños de los grupos de observación y de referencia, dedicaron la misma cantidad de tiempo a mirar el nuevo bastón y los intentos de acercar los juguetes.
Pero el grupo de entrenamiento dedicó más tiempo a observar los nuevos tanteos, lo que sugiere que entendían que el adulto estaba usando el bastón como herramienta.
Incluso más llamativo fue el hecho de que, dentro del grupo de entrenamiento, aquellos bebés que fueron los más competentes al recoger un juguete mirándolo, utilizando con decisión el bastón para atraerlo hacia ellos, y asiendo rápidamente dicho juguete- tendieron más a mirar esos mismos tanteos durante más tiempo que el resto de los pequeños de su mismo grupo.
Los investigadores aseguran que para que los chicos comprendiesen realmente el uso del bastón y, en particular, para que pudieran anticipar acciones próximas y el resultado de éstas mientras observaban el proceso, fue necesario haber ejecutado antes la secuencia del uso de la herramienta por sí mismos.
Simplemente, mirar cómo lo hacía un adulto no parecía ser suficiente como para comprender todo el proceso. Conclusión de los psicólogos: la experiencia en primera persona resulta de gran importancia para la comprensión de las acciones por parte de los niños, desde edades muy tempranas.