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Las víctimas de la depresión del fin de semana

LAS VÍCTIMAS DE LA DEPRESIÓN DEL FIN DE SEMANA

 

Las últimas horas de los días viernes y  domingo provocan  en muchas personas: pena, ausencia de alegría, desolación e incertidumbre.

Se presenta  una suerte de tristeza sincrónica cuando el fin de semana es un motivo de pesar.

 

Tristeza, suspensión de la rutina

En estos casos, es probable que ya la tarde del viernes anuncie la llegada de la tristeza, que es el momento del día que marca la finalización de las ocupaciones semanales, es decir, la suspensión de la rutina.

 

Confusión, perturbación

 

Entonces, la depresión viene como una respuesta al impasse debido a que  gran parte de las actividades cotidianas –encaradas como razón importante de ser de cualquier individuo- cesan. En consecuencia, más gente de lo que comúnmente se cree,  cae en la confusión y perturbación.

 

Motivo de la depresión

Se considera que el motivo de la depresión  -que aparece como si de la nada- es que las últimas horas de la tarde ubican a los individuos frente a la  posibilidad de desenvolverse  “sueltos”, a disponer de una  libertad sin el soporte de ese montaje “ilusorio o francamente falso de la rutina”.

Según la psiquiatría y la psicología, la angustia también sobreviene  por una impotencia que se experimenta ante  el hecho de que las tareas habituales ya no preservan, porque “mueren” hasta el lunes.

 

La gente que vive sola

La depresión se observa más en la gente que vive sola y en esto tienen mucho que ver los discursos culturales y homogéneos que apuntalan el preconcepto de que  se es feliz cuando se convive con otros, e infeliz en el retiro y la soledad.

 

Quiénes son las auténticas presas de la depresión

Lo cierto es que las presas de la depresión son generalmente las personas que atribuyen al trabajo y/o los estudios las cualidades de  ejes rectores de su vida. Por lo tanto, el fin de semana marca un corte momentáneo, aunque  suficiente para que “se pierdan y extravíen”. Desconocen cómo pensarse a sí mismas sin tácitas obligaciones.

 

Imposibilidad de pensarse “lo que son”

Aquellos que sufren la depresión típica del fin de semana, hasta preferirían -aún sin tomar plena conciencia y en beneficio de su estabilidad emocional-  que los días laborables quedasen intactos y sin interrupción; necesitan una “ocupación mental” que sirva de excusa viable para no pensarse “lo que son” fuera de su desenvolvimiento cotidiano.

Es como si precisaran que otros les impusieran desde afuera  lo que tienen que hacer, como si se negasen a mirar delante de un espejo sus problemas y con la imposibilidad de “ser como se quisiera ser.”

 

Paradoja e identidad

El estado depresivo podría explicarse en términos generacionales de la siguiente manera: la gente mientras envejece  deja de asistir  a reuniones o fiestas, con la asiduidad que  lo hacía en su juventud, y/o se torna  menos tolerante a “las desmesuras de los apetitos”.

No obstante, es una paradoja de la existencia que los días que se repiten realizando las mismas actividades le permite saberse idéntica a los demás, pero la diferencia del fin del viernes al domingo la hace trastabillar, revelándose de golpe, y la devasta.

Fuente: Juan Pablo Carrillo Hernández, autor de “El melancólico vacío”, México

 

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